• "Dios es quien siempre llama, quien siempre busca y se quien encarga personalmente de cada uno de nosotros". S. Agustin

  • "La vida es un juego; participa en él. La vida es demasiado preciosa; no la destruyas".M.Teresa de C

  • "Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor".S.Agustin

domingo, 3 de diciembre de 2023

EL ADVIENTO


 El Adviento es un tiempo especial de preparación con el que se da inicio a un nuevo “Año Litúrgico”, es decir, un nuevo año para la Iglesia Católica. El término "Adviento" proviene del latín “adventus”, que significa “venida”, “llegada”.

El Adviento está organizado en torno a los cuatro domingos previos a la Navidad, que luego se integran en la gran celebración del Nacimiento de Jesucristo, Nuestro Salvador, y su posterior Epifanía. Los días de Adviento componen un camino litúrgico y espiritual cuyo núcleo es la espera de la llegada de Jesús, el Verbo Encarnado .

Este 2023 el Tiempo de Adviento empieza el domingo 3 de diciembre y termina el domingo 24 de diciembre.

Primer domingo de adviento

El Señor viene

« Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por nuestro Señor. » (Oración Colecta)

Comienzo de la Celebración en torno a la Corona de Adviento

Guía: En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Guía: Ven Espíritu Santo,

Todos: Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Guía: Envía tu Espíritu creador.

Todos: Y renovarás la faz de la tierra.

Guía: ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de sus consuelos. Por Jesucristo Nuestro Señor.

Todos: Amén.

Bienvenida y Bendición de la Corona de Adviento

Guía: Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio de la llegada de Dios Nuestro Señor. Se acerca la gran fiesta de Navidad, la fiesta del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén y en nuestros corazones. Preparémonos a recibir a nuestro Salvador reuniéndonos en torno a esta corona.

Bendice Señor esta corona, que sea para nosotros medio para preparar nuestra alma para recibirte. Que al ver su forma veamos que tú, Dios eterno, eres el principio y fin de todo cuanto existe y su verde follaje nos recuerde la esperanza de llegar a recibirte.

(Se enciende la primera vela)

Que al ir encendiendo cada una de sus velas se disipen las tinieblas del pecado y comience a clarear la luz de tu presencia en nuestras almas. Que por el espíritu de oración, penitencia y sacrificio, la caridad en nuestra vida nos prepare para recibirte y anuncie a los que nos rodean tu presencia entre nosotros.

Palabra de Dios


Guía: Escuchemos la palabra de Dios.

Lector: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13, 33-37)

Estad alerta, ya que no sabéis cuándo será el tiempo

"En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: 'Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!"
Lector: Palabra de Dios.
Todos: Gloria a Ti, Señor, Jesús.
Reflexión
Guía: ¡Qué tiempo tan apto el del Adviento para penetrar en la grandeza y trascendencia de la vocación cristiana, porque ella se desprende del misterio de la Encarnación! Dios en su decisión amorosa de salvar al hombre quiere hacerse uno de nosotros; más se entrega al servicio del hombre: siendo Dios se anonadó a sí mismo haciéndose siervo, y en todo, menos en el pecado, semejante al hombre, ante este ejemplo quién no se va a enamorar de Cristo, a entregarse a Él gastándose la vida en la dura pero sublime tarea de la Redención.
Diálogo
(Después de unos momentos de silencio el guía debe motivar que los participantes hagan comentarios sobre el texto bíblico. Para terminar este diálogo se invita a los presentes a hacer un compromiso.)
Compromiso
Guía: Pongámonos en presencia de Dios y meditemos:
¿Cómo voy a prepararme para vivir este período de espera del Señor? ¿Tengo algún plan concreto para vivirlo en familia?
(Reflexión en silencio)
Despedida
Guía: Señor, gracias por reunirnos una vez más en torno a esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.
Todos: Amén.
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
(Se puede continuar la celebración con villancicos y juegos)

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Comentarios de un laico


De los cuatro evangelios, el que más habla acerca de lo que rodeó al Nacimiento del Señor Jesús con muchos detalles es el Evangelio según San Lucas.
Aunque no lo crean, el versículo 7 del capítulo 2 dice que la Virgen María dio a luz al Señor Jesús. Eso es todo, nada más
El Evangelio según San Lucas no describe los detalles del Nacimiento del Señor Jesús: Cómo nació, a qué hora nació, qué hizo San José de Nazaret. ¡Nada!
Lo que es curioso es que el Evangelio dedica más detalles de lo que hizo la Virgen María después del Nacimiento del Señor Jesús.
En el mismo versículo, el Evangelio dice que la Virgen María envolvió en pañales a su Hijo y lo acostó en un pesebre, porque ellos no tenían un lugar dónde descansar.
¿Se dan cuenta? A la Biblia, la Palabra de Dios le interesa más cómo fue acogido el Señor Jesús por los demás, que su propio Nacimiento.
A la Biblia le interesa más cómo acogió la Virgen María a su Hijo, que el propio Nacimiento del Señor Jesús.
A la Biblia le interesa más cómo acogieron a la familia del Señor Jesús, que el propio Nacimiento del Señor Jesús.
Eso es la Navidad. ¿Cómo usted va a acoger al Señor Jesús, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad que nació como todos nosotros?
Todos los años, en Diciembre, los pastores de las sectas protestantes se han dedicado a atacar el 25 de Diciembre y se quedan en la fecha del Nacimiento del Señor Jesús.
¿Será que a los pastores protestantes no les interesa cómo acoger al Señor Jesús y tampoco enseñarle a la gente a acoger al Señor Jesús?
Algunos apologistas cristianos, tratando de defender el 25 de Diciembre, también se quedan en la fecha del Nacimiento del Señor Jesús.
¿Será que a los apologistas cristianos tampoco les interesa cómo acoger al Señor Jesús y tampoco enseñarle a la gente a acoger al Señor Jesús?
Hoy es la Navidad y les deseo a todos una Santa Navidad. Hay dos formas de acoger al Señor Jesús en la Navidad.
La primera forma es como lo hizo la Virgen María: Con mucho amor al Señor Jesús y procurando hacer todo lo posible para agradarle.
La otra forma es como lo hicieron los vecinos de Belén. Rechazarlo.
Yo seguiré el ejemplo de la Virgen María en Navidad. ¿Y usted?
¡Un saludo!

Papa Francisco en la Misa de Navidad: ¿Es Cristo mi alimento o los bienes materiales?

El Papa Francisco durante la Misa de Navidad - Foto: Captura de video (Vatican News)

En Belén Dios se hizo pequeño “para ser nuestro alimento” y así el hombre pudiera “renacer en el amor y romper la espiral de la avidez y la codicia”, afirmó el Papa Francisco este 24 de diciembre en la Misa por la Solemnidad de la Natividad del Señor que celebró en la Basílica de San Pedro.

El Santo Padre presidió la Misa por la Solemnidad de la Natividad del Señor y fue concelebrada con cardenales, obispos y sacerdotes. La Eucaristía fue precedida por el canto de la Kalenda, que es el canto del anuncio de Navidad.

Asimismo, un grupo de niños presentó unas ofrendas florales, entre los que estaban dos menores panameños de 6 y 10 años de edad.

En su homilía el Pontífice recordó que Belén significa “casa del pan”. Dios, señaló, “sabe que necesitamos alimentarnos para vivir. Pero sabe también que los alimentos del mundo no sacian el corazón”.

Francisco explicó que con el pecado original “el hombre se convierte en ávido y voraz”, deseoso de acumular cosas como si fuera el sentido de la vida. “Una insaciable codicia atraviesa la historia humana, hasta las paradojas de hoy, cuando unos pocos banquetean espléndidamente y muchos no tienen pan para vivir”, indicó.


Sin embargo, señaló, con su nacimiento en un pesebre en Belén “Dios se hace pequeño para ser nuestro alimento. Nutriéndonos de Él, Pan de Vida, podemos renacer en el amor y romper la espiral de la avidez y la codicia”.

“Ante el pesebre, comprendemos que lo que alimenta la vida no son los bienes, sino el amor; no es la voracidad, sino la caridad; no es la abundancia ostentosa, sino la sencillez que se ha de preservar”, afirmó.

Francisco explicó que desde el pesebre hasta el cenáculo Cristo “se ha ofrecido a nosotros todos los días” y lo sigue haciendo hoy en la Eucaristía, pues “llama a nuestra puerta para entrar y cenar con nosotros”. “En Navidad recibimos en la tierra a Jesús, Pan del cielo: es un alimento que no caduca nunca, sino que nos permite saborear ya desde ahora la vida eterna”, afirmó.

En ese sentido, el Papa invitó a los fieles a preguntarse “¿cuál es el alimento de mi vida, del que no puedo prescindir?, ¿es el Señor o es otro? (…). ¿Necesito verdaderamente tantas cosas, tantas recetas complicadas para vivir? ¿Soy capaz de prescindir de tantos complementos superfluos, para elegir una vida más sencilla?”.

“Jesús es el Pan del camino. No le gustan las digestiones pesadas, largas y sedentarias, sino que nos pide levantarnos rápidamente de la mesa para servir, como panes partidos por los demás. Preguntémonos: En Navidad, ¿parto mi pan con el que no lo tiene?”, preguntó.

Asimismo, el Papa invitó a seguir el ejemplo de los pastores que fueron a adorar al Niño tras el anuncio del ángel, que los llamó a no temer. “Resuena muchas veces en el Evangelio este ‘no temáis’: parece el estribillo de Dios que busca al hombre”, indicó.

Además, los pastores de Belén enseñan “cómo ir al encuentro del Señor. Ellos velan por la noche: no duermen, sino que hacen lo que Jesús tantas veces nos pedirá: velar. Permanecen vigilantes, esperan despiertos en la oscuridad, y Dios ‘los envolvió de claridad’. Esto vale también para nosotros”.


Sin embargo, explicó que al Señor no se le puede esperar “en el sofá, durmiendo”. Recordó que los pastores fueron a la gruta corriendo, “dejan el rebaño sin custodia, se arriesgan por Dios. Y después de haber visto a Jesús, aunque no eran expertos en el hablar, salen a anunciarlo”.

“Esperar despiertos, ir, arriesgar, comunicar la belleza: son gestos de amor. El buen Pastor, que en Navidad viene para dar la vida a las ovejas, en Pascua le preguntará a Pedro, y en él a todos nosotros, la cuestión final: ‘¿Me amas?’. De la respuesta dependerá el futuro del rebaño. Esta noche estamos llamados a responder, a decirle también nosotros: ‘Te amo’. La respuesta de cada uno es esencial para todo el rebaño”, señaló.

Francisco indicó que así como entonces, el camino también “es en subida: se debe superar la cima del egoísmo, es necesario no resbalar en los barrancos de la mundanidad y del consumismo”.

“Quiero llegar a Belén, Señor, porque es allí donde me esperas. Y darme cuenta de que tú, recostado en un pesebre, eres el pan de mi vida”, expresó el Papa.

Al final de la Misa el Papa fue acompañado por el grupo de niños para colocar la imagen del Niño Jesús en el pesebre elaborado dentro de la basílica vaticana.

viernes, 27 de julio de 2018

Concurso de religión 2018

La enseñanza de la religión en las escuelas de la Prelatura de Yauyos, en la década de los 50 y 60. (Por Pbro. RICARDO MARTÍNEZ CARAZO)
Muy pronto, en nuestras visitas a los pueblos, descubrimos con alegría que, incluso en las alturas más remotas, no faltaba su escuelita, maestros y gran número de alumnos. Otro gran aliciente que encontramos era que el Ministerio de Educación mandaba a los maestros dar dos clases de Religión a la semana. Hablando amigablemente con los maestros les preguntábamos: ¿Cómo se arreglan para dar las clases de religión cada semana? Porque manuales de Religión o catecismos, según nos decían, nunca habían tenido. Ellos, de uno u otro modo, venían a decir siempre lo mismo: -Pero, Padrecito, ¿quién nos ha enseñado a nosotros Religión, para que nosotros nos atrevamos a dársela a los niños? Lo que a primera vista pudiera parecer una fácil excusa, pronto se vio que era un verdadero deseo de que se les facilitasen los medios para que ellos pudieran cumplir con esa tarea. (…) Muchas Escuelas y muchísimos niños. Pronto, incluida la provincia de Cañete, unos 40.000, tantos como catecismos editados cada año. Por aquel entonces, década de los 60, comenzaban a escasear los Catecismos tradicionales hasta llegar a desparecer. En su lugar aparecieron unos cuadernos con las hojas en blanco y un título de este estilo: «Dibuja cómo te imaginas tú que es el Cielo». Había que ir pensando en los nuevos Cuadernos de Religión y Catecismos… Pero también contábamos con unos 1500 Maestros, entre las tres provincias, dispuestos a colaborar como después se demostró. Pronto vendrían más sacerdotes a reforzamos. Las Catecismos podríamos hacerles y distribuirles nosotros de Escuela en Escuela. Habría que hacer muchas horas a cabello, pero valía la pena… Recuerdo que los exámenes finales del primer Concurso Catequístico coincidieron con una huelga general de maestros, a pesar de todos los resultados fueron bastante buenos, así que nos dijimos: Si esto se ha conseguido con la huelga, ¿qué será sin la huelga? Sobre todo, nos impulsaban aquellas suaves arengas de D. Ignacio con las que solía poner el broche de oro al terminar los retiros mensuales en Yauyos. Era como una coletilla invariable que llegamos aprender de memoria: «Ya sabemos todos que tenemos mucho más trabajo del que podemos hacer. Por eso, orden, y a no perder el punto de mira: 1 ° atención a los monaguillos (sorpresa general) 2° visitar las escuelas; 3° amistad con los maestros, 4° dar doctrina a todas horas, 5° administrar los sacramentos… Y aquellas palabras de San Josemaría Escrivá, difíciles de olvidar, que con frecuencia nos llegaban como venidas del cielo: Por ejemplo: «Cumplidme las Normas y estados siempre alegres, contentos: no os sintáis nunca solos, porque -consummati in unum- todos estamos con el corazón y con nuestras oraciones, en Yauyos.»
Primeros pasos en la organización del Concurso
Elaboramos unas Bases elementales que distribuimos oportunamente a todas las Escuelas, visitándolas cuando nos era posible, o a través de la Hoja Dominical. En los Cuadernos de Religión, de 1 ° a 5° de Primaria, elaborados por la Comisión Catequética de Yauyos, figuraba la materia a estudiar que era la misma que señalaban los programas del Ministerio. Los maestros y maestras, los recibieron muy contentos. «Ahora sí, Padrecito, podemos colaborar -nos decían- en la enseñaza de nuestra santa Religión.» Y no fueron solo palabras, la inmensa mayoría hicieron todo lo que podían que era mucho. Ellos tenían también un aliciente en los diplomas que otorgábamos a los maestros cuyos alumnos resultaban capeones en algunos de los exámenes, porque suponían méritos en su escalafón. Los exámenes finales eran escritos y se llevaban a cabo a nivel escolar, a veces también a nivel comarcal; los que quedaban Campeones y Subcampeones acudían al examen Provincial y finalmente, los ganadores iban al examen final Interprovincial donde los vencedores eran proclamados Reyes o Reinas del Catecismo del año en curso. Un acierto para no olvidar, que pronto se incluyó también en las Bases, fu exigir un mínimo de nota media de 11 puntos sobre 20, para que los Campeones de cada curso pudieran tener opción ulteriores exámenes. Así se logró que t todos los niños estudiaran y aprendieran Religión, muchas veces a la luz de una vela o de la luna. También los ganadores recibían estimulantes premios como viajes al Cuzco, bolsa incluida, o poder asistir gratis a una convivencia de 15 días en verano, con los gastos pagados. Animó también mucho a niños y mayores el carácter deportivo y alegre que se logró dar a las jornadas de los Exámenes. Pro algo se dice que el peruano es una persona eminentemente celebrante. (…) (Estos artículos han sido tomados de la “Revista de la Prelatura de Yauyos, Cañete y Huarochirí No.5 -2004”).

jueves, 28 de junio de 2018

PADRE VICENTE ENRIQUE FERNANDEZ GUTIERREZ - "Un hombre de carácter"



Fue un cañetano por los cuatro costados: moreno, vivo, cercano, piadoso. Estudió en Cañete; la secundaria en el Seminario Menor y el Colegio Sepúlveda. En este colegio un compañero le llamaba: “sambito”, “san martíncito”, “curita”, etc; con el permiso de su director le dio una buena paliza a este alumno bravucón y le ayudó a enderezarse un poco. Siempre conservó su carácter fuerte, apasionado, y afectivo.

En el seminario mayor destacó por su gran sentido práctico, aprendió del fundador del Seminario los detalles, el buen gusto por decorar las casas, el talento de saber buscar recursos para hacer arreglos materiales; tiene un montón de amigos pobres y pudientes, que ahora con su temprana muerte, se dan a conocer.

Fue ordenado sacerdote en la fiesta de San José de 1980, junto “al Monseñor” Fernando Samaniego Orellana, actual vicario general de Juli, y a Raúl Medina Clavijo, que se encuentra desarrollando su labor ministerial en Chimbote. Ese año fue destinado a mi pueblo, San Mateo; él llamaba a San Mateo “la primera novia”, como suelen llamar los párrocos al primer pueblo que van destinados, donde ponen todas sus ilusiones y fuerzas.

En San Mateo es muy querido por su gente, ya que desarrolló una buena labor sacerdotal. Junto a darles el pan de la Palabra y los Sacramentos, nos enseñó a vivir mejor. Visitaba todos los anexos, y se hacía amigos de los pastores de llmas e ingenieros de minas. Tenía varios clubes de madres, en diferentes distritos; en aquellos tiempos, Cáritas tenía alimentos que ayudaban en la evangelización. El mismo preparaba la variedad de cocteles, que enseñaba a las señoras, entre ellas a mi madre. Estaba en medio de las fiestas tradicionales, compartiendo alegrías con la población; con los “corcovados” que le tomaban el pelo. En una ocasión vi que jugaba en el estadio para el equipo de fútbol “Juventud”, con uniforme color rojo y líneas azules; cuando le llegaba la pelota, la hinchada se emocionaba, le alentaba, casi mete un gol… casi: el estadio se levantó.

Tenía muchos amigos jóvenes; especialmente al grupo de José Silva y compañeros, formaron un club de todo y sobre todo del canto, que hasta ahora perdura, que en los eventos importantes –y cada domingo- alaban al Señor; en mayo, hacen llorar a los peregrinos de las cruces, con sus tradicionales himnos, en quechua y español.

En 1983, conocí a don Vicente; estaba yo en sexto grado de primaria, era poco de ir a la Iglesia, y me tocaba hacer la primera Comunión; el seminarista Luis, nos preparaba para la catequesis. Me asombró la facilidad que dieron mis padres para quedarme los sábados tarde en el pueblo para esta preparación, ya que todos los fines de semana íbamos toda la familia a trabajar la chacra. Allí conocí a otros compañeros de otras secciones. Fui admitido en el club de acólitos, ayudaba Misa con otros amigos, alguna vez me comí unas formas sin consagrar.

Recuerdo el paseo a Carcata, unas ruinas incaicas, que se parecen a Machu Picchu. Fuimos caminando, hacia Millotingo; al llegar al lugar, fuimos ascendiendo por un caminito dificultoso, dejando la carretera. Como era mayo, mes de las flores, todo estaba lleno de vegetación; él no era serrano y no sabía caminar por esos lugares. Según le gustaba contar posteriormente, siempre que me presentaba como su acólito, decía que trepando hacia una chacra yo le dije que para que no se cayese se cogiera de unas ramas, que resultaban siendo ortigas.

En el fenómeno del Niño de 1983, por la quebrada superior del pueblo cayó un huayco que sepultó el pueblo de Laeso. Cuando rugía la quebrada anunciando el alud, el P. Vicente tocaba la campana como loco. El huayco tapó también el río, y éste se salió a la carretera. La abundante agua que pasaba por la carretera central iba sacando a su paso, de las casas, cocinas, pelotas, cajas, cerdos, y todo lo que encontraba. El P. Chente, junto a su amigo Tangollo, entró al río, puso dinamitas e hicieron explotar las enormes piedras, haciendo que el río vuelva a su cauce normal. Ya se pueden figurar el agradecimiento de la población gracias al heroísmo de tan gran sacerdote. Pero, estas cosas no salen en los periódicos, sólo cuando uno falla, lo cuentan a todas luces.
El 8 de diciembre nos dio la Primera Comunión, nos dio regalos por nuestra asistencia continua a la catequesis y antes de acabar el mes hizo de padrino de nuestra promoción de primaria.

Gracias a él fui a estudiar al Seminario Menor, en 1984. En el cursillo, lo pasamos fenomenal, con piscina, por primera vez. Ingresamos los 7 que postulamos. Estudiamos cinco el primer año, poco a poco se fueron yendo mis amigos y me quedé solo. El seminarista que me llevó siempre que me visitaba me decía que yo debía ser sacerdote, pero siempre le decía que no, y para que me dejé tranquilo, en una ocasión le dije que sí; pero la verdad, nunca pensé en serlo. Para mí, la cosa comenzó en tercer año.

El P. Vicente vino a vivir al Seminario Menor en 1986, cuando sufrió un problema del corazón en las alturas: tenía mucho entusiasmo, pero, como decían, “negrito no canta en puna”. Allí fomentó la disciplina, la limpieza general los sábados tarde con todos los alumnos. Cuando encontraba in fraganti a algún muchacho, le aplicaba una cachetada para enderezarlo, y ninguno ha salido traumado sino con carácter –como hace falta la disciplina en estos tiempos-. Estaba de rector, en esos tiempos, Monseñor Josemaría Ortega, y ayudaban dos seminaristas, los que iban a ser el P. Manuel Escate y Misael Torres. Hablando de Misael Torres, el popular Micha, al P. Chente le gustaba contar que cuando Misael vino por primera a vez al cursillo de verano, en el momento en que los pequeños alumnos se bañaban en la piscina, un niño se estaba ahogando, y como Misael no sabía nadar y vio al joven Vicente, le dijo: “Oye, zambo, sálvalo”. Por supuesto que lo hizo.

En 1988, vio que la promoción daba muchos frutos, de los 19 alumnos, 10 entraban al pre-seminario. De emoción gestionó para llevarnos al Cuzco; fue el inicio de los viajes de promoción. En Cuzco lo pasamos genial, estaba trabajando allí el P. Agapito Muñoz, y también el joven obispo auxiliar Juan Antonio Ugarte Pérez. Narrar todo lo que vivimos es para muchas páginas, sólo puedo contar que el día que tocaba ir a Machu Picchu, un grupo nos quedamos dormidos. Nos levantó a gritos y salimos hechos una bala, en taxi, para parar en una curva al tren que ya había salido. No se detuvo el transporte; entonces, detuvo un camión de carga, y nos dispusimos a alcanzar al tren. Para colmo, nos para la policía, él desde encima el camión le mostró la placa, quiero decir, el cleryman, el cuellito blanco que llevamos los sacerdotes en la camisa; por eso, pudimos continuar raudos el alcance de nuestro medio de transporte. Gracias a Dios, pudimos alcanzarlo a las justas, corriendo, en una estación, porque nos había amenazado con que nos iba a hacer regresar caminando. Machu Picchu, fue lo máximo. Regresamos en la noche, durmiendo en el tren. Las fotos no pueden mentir.







Formó a muchos alumnos, organizó actividades extra curriculares, promocionó al coro, cambió el uniforme, y muchas cosas más. Junto a su trabajo de formación también sacaba adelante Cáritas Prelaticia, promocionado la evangelización, enseñando a pescar y no sólo dar pescado. Tenía talento para esto. Era justo con todos, si alguien malograba algo buscaba que se haga responsable de ello, para educarle, y cuando no podía solucionarlo, le ayudaba. Muchas mamás acudían a su persona para buscar ayuda para sus hijos.

En todos los lugares donde trabajó mejoró la infraestructura, dejó poso. Fue párroco de la catedral, embelleció este templo. Fue director del pedagógico durante mucho tiempo. Al alumno José Sotelo, budista en aquel tiempo, le sorprendió que cuando hacía una obra no hacía alharacas, inauguraba la obra y empezaba a hacer otra. También fue capellán de las madres carmelitas; tiene su hermana religiosa, Guadalupe, la Superiora de Piura. Durante muchos años fue vicario general de religiosas.

Estos últimos años tuvo la bendición de Dios de tener diabetes y otras cosas más, le hacían diálisis inter diaria, le amputaron un dedo del pie, este año. El día de San Juan Bautista, el Señor ya le vio preparado y quiso llevárselo para gozar de él.

http://sacerdotesalegres.blogspot.com/

jueves, 26 de abril de 2018

V Domingo de Pascua - B - 2018


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EL CABALLO ESCONDIDO


El caballo escondido




Hay en nuestras vidas hábitos que nos esclavizan e impiden ser la obra maestra que a veces soñamos. Todo es posible con la ayuda del Señor, a pesar de que no sea fácil. Procede con paciencia pues “nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño” (Mark Twain).

Cuentan de un niño que un día entró en el taller de escultura de un vecino, y allí encontró un gran bloque de piedra. A los pocos meses volvió a entrar, y en el mismo sitio encontró la escultura de un caballo. Entonces le preguntó al escultor: — ¿Cómo sabías tú que dentro había un caballo? — Ésta es la especialidad del artista: encontrar el caballo (o lo que sea) que hay dentro. Ir quitando toda la piedra que sobra hasta encontrar el caballo.

Sin duda dentro de ti mismo hay una obra de arte que debes sacar a luz con persistente labor. Se trata de ir quitando lo que sobra, lo que impide ser un hombre cabal, un hijo de Dios tal como él lo soñó. “Si todos los años extirpáramos un solo vicio, pronto llegaríamos a ser hombres perfectos” (Kempis). El Señor te asiste, pon manos a la obra.



* Enviado por el P. Natalio

jueves, 12 de abril de 2018

Jornada Mundial de la Juventud Panamá 2019





El pasado mes de mayo se presentó el logo oficial de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019, que se realizará del 22 al 27 de enero de 2019. La Oficina de Comunicación y de Prensa de la Arquidiócesis de Panamá informó que la autora del logo es Ambar Calvo, una joven de 20 años y estudiante de arquitectura en la Universidad de Panamá.

El logo fue escogido entre 103 propuestas que fueron evaluadas por un jurado integrado por especialistas en diseño gráfico, marketing y otras profesiones afines que seleccionó las 3 mejores propuestas, que luego fueron evaluadas por el Comité Ejecutivo de la JMJ, junto con el nuevo Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida en el Vaticano.

Mons. Ulloa Mendieta comentó que el diseño de Ambar Calvo “pudo captar el mensaje que deseamos enviar a los jóvenes del mundo, la pequeñez de nuestro país, pero la grandeza de nuestro corazón, abierto a todos y todas sin exclusión de nadie, de la mano de la Virgen María, un modelo de joven valiente, comprometida y generosa que supo de decir SÍ ante el llamado de Dios”.

“Los jóvenes son la reserva moral y humana de nuestras sociedades y de la misma Iglesia, ellos son capaces de transformarlo todo, positivamente, arriesgándose como lo hizo la adolescente María de Nazaret, si somos capaces de enseñarles a amar como Jesús lo hizo con nosotros”, señaló el Arzobispo.

La joven, por su parte, indicó que desde los 12 años siente una afinidad por el arte como medio de expresión, y lo que quiso mostrar con el logo propuesto fue “la ternura y la entrega de María en su mejor escena: el Hágase”.

En el logo destacan el Canal de Panamá, que simboliza el camino del peregrino que descubre en María el medio para encontrarse con Jesús; la silueta del Istmo panameño, como lugar de acogida; la Cruz Peregrina de color rojo; la silueta de la Virgen en su “Hágase” y los pequeños puntos blancos como signo de la corona de María y los peregrinos de cada uno de los cinco continentes.

Otro aspecto simbólico del logo ganador es la vinculación de la letra “M” que se insinúa en la forma del corazón, que si bien alude al lema “Puente del Mundo, Corazón del Universo”, también sugiere el nombre de María.

En la Cita Eucarística en Panamá, Mons. Ulloa señaló que “los jóvenes están en el mundo para que nazca un nuevo país, una nueva Panamá y una nueva Iglesia”.

“La JMJ es una bocanada de aire fresco para esta juventud que tanto lo necesita. ¡Sociedad, Iglesia, despertemos! Nuestra juventud muere sin que hagamos nada. Pasemos del discurso a la acción”.

“Los jóvenes –resaltó el Prelado– son los verdaderos protagonistas de esta JMJ”. “Esta es nuestra Jornada, tenemos que prepararla con los jóvenes y para los jóvenes”, agregó.
Presentado el lugar donde tendrá lugar los actos centrales de la JMJ



La Arquidiócesis de Panamá anunció recientemente el sitio oficial seleccionado para que se lleven a cabo los actos centrales de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Panamá 2019, que tendrá lugar del 22 al 27 de enero de 2019.


El lugar elegido es la Cinta Costera Uno, un tramo de tierras ganadas al mar en la Ciudad de Panamá que albergará un promedio de 375 mil peregrinos, según señala un comunicado emitido este jueves 20 de julio por el Comité Organizador Local.

El Arzobispo de Panamá y Presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor José Domingo Ulloa, destacó en rueda de prensa que cuando se generó la consulta con los episcopados de todo el mundo, “la mayoría coincidió que la opción que más se acerca a los espacios donde se han realizado otras Jornadas anteriores es la Cinta Costera”.

Según el comunicado, también se contó con la evaluación de la Gendarmería del Vaticano, “cuyos especialistas consideraron que la Cinta Costera es apta para garantizar la seguridad de Su Santidad, de la misma forma que cumple con la sencillez y los requerimientos que el Papa Francisco ha pedido”.

Además, se indicó que los principales aspectos que se tomaron en cuenta para “la decisión en el análisis preliminar fue la capacidad para albergar a los peregrinos en los actos centrales; la cantidad adecuada de accesos; la administración de emergencias y la gestión con los residentes”.

Finalmente, el comunicado añadió que el trabajo contó con “la asesoría de un equipo de especialistas y empresas que están prestando su servicio de manera voluntaria y anónima, para un mejor desempeño al momento del análisis y la selección de la sede oficial”.

"He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Este es el lema que el Papa Francisco eligió para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Panamá de 2019. "El camino espiritual indicado por el Papa Francisco continúa coherentemente la reflexión iniciada con las últimas Jornadas Mundiales de la Juventud centradas en las Bienaventuranzas”, explica el Vaticano.

En la Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud 2016 en Cracovia, Polonia, el Papa Francisco anunció que la próxima Jornada Mundial de la Juventud se celebraría en Panamá en 2019

Panamá es un país ubicado en el sureste de América Central. Su nombre oficial es República de Panamá y su capital es la ciudad de Panamá. Limita al Norte con el mar Caribe, al Sur con el océano Pacífico, al Este con Colombia y al Oeste con Costa Rica.

Está localizado en el istmo de Panamá, el istmo que une a América del Sur con América Central, por lo que la ubicación de Panamá es ideal para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud.

El Presidente de Panamá y su esposa manifestaron su enorme alegría al poder acoger Panamá la próxima Jornada Mundial de la Juventud en 2019

¡Felicidades al pueblo panameño por tener el honor de albergar la próxima JMJ de 2019!


Javier López
Web católico de Javier

José Luis Martín Descalzo, “24 pequeñas maneras de amar”

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Cuando a la gente se la habla de que “hay que amarse los unos a los otros” son muchos los que se te quedan mirando y te preguntan: ¿y amar, qué es: un calorcillo en el corazón? ¿Cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de desconocidos o semiconocidos? ¿Amar son, tal vez, solamente algunos impresionantes gestos heroicos? Un amigo mío, Amado Sáez de Ibarra, publicó hace muchos años un folleto que se titulaba “El arte de amar” y en él ofrecía una serie de pequeños gestos de amor, de esos que seguramente no cambian el mundo, pero que, por un lado, lo hacen más vividero y, por otro, estiran el corazón de quien los hace.
Siguiendo su ejemplo voy a ofrecer aquí una lista de 24 pequeñas maneras de amar: -Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.
– Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.
– Pensar, por principio, bien de todo el mundo.
– Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se la merecerían teóricamente.
– Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.
– Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos.
– Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos.
– Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.
– Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.
– Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.
– Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.
– Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso.
– Contestar, si te es posible, a todas las cartas.
– Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.
– Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, pero subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos.
– Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos.
– Hacer regalos muy pequeños, que demuestren el cariño pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo.
– Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú.
– Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.
– Dar buenas noticias.
– No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros.
– Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.
– Mandar con tono suave. No gritar nunca.
– Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo.
La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable.

jueves, 22 de marzo de 2018

Reflexiones de Semana Santa

 La vida ejemplar de Jesucristo nos invita a la reflexión, en Semana Santa,  sobre nuestro comportamiento para con nuestros semejantes.
Durante estas fechas se celebra una fiesta religiosa de singular importancia para quien decida observarla.
Se trata de la celebración de los últimos días de permanencia física del maestro Jesús de Nazaret en este planeta, y su importancia radica en lo trascendental de su existencia terrena por la manera en que él eligió vivir en la práctica sus enseñanzas, aun ante las situaciones tan adversas que rodearon su partida.
Los últimos días de Jesús de Nazaret en la tierra estuvieron rodeados de grandes pruebas y dificultades, la mayoría más fuertes de lo que cualquier ser humano creería poder ser capaz de soportar, pero aun así este gran maestro demostró mediante su ejemplo, la grandeza que puede alcanzar el ser humano cuando se pone en contacto con su ser interior y este comienza a manifestarse en obras.
Entre los ejemplos que dio Jesús durante estos días podemos citar el de mantener la dignidad al enfrentar las mayores tribulaciones, el perdonar la traición por comprender la debilidad, mantener la ecuanimidad ante los mayores retos, comportarse compasivamente hasta con sus mayores enemigos.
Además, la fidelidad a sus ideales ante las mayores tentaciones, y así muchos otros pero, tal vez su mayor ejemplo fue el de mantener la confianza en Dios aun a costa de su propia vida y mediante ésta dar fe de la supervivencia del alma más allá del plano material.
La existencia de Jesús tuvo un alto propósito, mostrarnos mediante una vida inmaculada el camino a seguir para acercarnos cada vez más a nuestro padre creador. Una vida dedicada a cumplir la voluntad de Dios manifestada en servir desinteresadamente a la humanidad.
Una vida tan ejemplar como la de este gran maestro nos invita a la reflexión sobre nuestro comportamiento para con nuestros semejantes, nuestra actitud ante las situaciones cotidianas y la manera en que pudiéramos mejorarlas si nos lo proponemos.
Si hacemos aunque sea un pequeño esfuerzo por imitar el ejemplo de Jesús en nuestras vidas, estaremos dando grandes pasos hacia la elevación de la calidad de vida en este planeta y con ello contribuyendo al acercamiento de la humanidad para unirse en una sola raza, donde todos los hombres seamos hermanos y nos miremos los unos a los otros como iguales, reconociendo al Cristo interior en cada uno de nosotros para así permitir que el reino de los cielos se manifieste aquí en la tierra, como una vez lo predijo Jesús.
Estos días son ideales para recordar las enseñanzas de este sublime maestro del amor y la compasión comparándolas con nuestro estilo de vida para así poder establecer un patrón a seguir en nuestra vida diaria en armonía con las lecciones aprendidas de este estudio y de esta manera contribuir al enaltecimiento de los valores humanos en nuestra sociedad.
Fuente:
Reflexiones Semana Santa
http://www.helios3000.net/reflex/semana_santa.shtml 

jueves, 22 de febrero de 2018

Mensaje del Papa Francisco por la 33º Jornada Mundial de la Juventud

Mensaje del Papa Francisco por la 33º Jornada Mundial de la Juventud

El 25 de marzo, Domingo de Ramos, se celebrará como todos los años una nueva Jornada Mundial de la Juventud a nivel diocesano con el tema “No temas María, porque has encontrado gracia ante Dios”.
En el texto, Francisco comenta que “hoy en día, muchos jóvenes se sienten obligados a mostrarse distintos de lo que son en realidad, para intentar adecuarse a estándares a menudo artificiales e inalcanzables”. “Hacen continuos ‘retoques fotográficos’ de su imagen, escondiéndose detrás de máscaras y falsas identidades, hasta casi convertirse ellos mismos en un ‘fake’” y “muchos están obsesionados con recibir el mayor número posible de ‘me gusta’”.
A continuación, el texto completo del Mensaje del Papa:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios» (Lc 1,30)
Queridos jóvenes:
La Jornada Mundial de la Juventud de 2018 es un paso más en el proceso de preparación de la Jornada internacional, que tendrá lugar en Panamá en enero de 2019. Esta nueva etapa de nuestra peregrinación cae en el mismo año en que se ha convocado la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Es una buena coincidencia. La atención, la oración y la reflexión de la Iglesia estarán puestas en vosotros, los jóvenes, con el deseo de comprender y, sobre todo, de «acoger» el don precioso que representáis para Dios, para la Iglesia y para el mundo.
Como ya sabéis, hemos elegido a María, la joven de Nazaret, a quien Dios escogió como Madre de su Hijo, para que nos acompañe en este viaje con su ejemplo y su intercesión. Ella camina con nosotros hacia el Sínodo y la JMJ de Panamá. Si el año pasado nos sirvieron de guía las palabras de su canto de alabanza: «El Poderoso ha hecho obras grandes en mí» (Lc 1,49), enseñándonos a hacer memoria del pasado, este año tratamos de escuchar con ella la voz de Dios que infunde valor y da la gracia necesaria para responder a su llamada: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1,30). Son las palabras pronunciadas por el mensajero de Dios, el arcángel Gabriel, a María, una sencilla jovencita de un pequeño pueblo de Galilea.
1. No temas
Es comprensible que la repentina aparición del ángel y su misterioso saludo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28) hayan causado una fuerte turbación en María, sorprendida por esta primera revelación de su identidad y de su vocación, desconocida para ella entonces. María, como otros personajes de las Sagradas Escrituras, tiembla ante el misterio de la llamada de Dios, que en un instante la sitúa ante la inmensidad de su propio designio y le hace sentir toda su pequeñez, como una humilde criatura. El ángel, leyendo en lo más profundo de su corazón, le dice: «¡No temas!». Dios también lee en nuestro corazón. Él conoce bien los desafíos que tenemos que afrontar en la vida, especialmente cuando nos encontramos ante las decisiones fundamentales de las que depende lo que seremos y lo que haremos en este mundo. Es la «emoción» que sentimos frente a las decisiones sobre nuestro futuro, nuestro estado de vida, nuestra vocación. En esos momentos nos sentimos turbados y embargados por tantos miedos.
Y vosotros jóvenes, ¿qué miedos tenéis? ¿Qué es lo que más os preocupa en el fondo? En muchos de vosotros existe un miedo de «fondo» que es el de no ser amados, queridos, de no ser aceptados por lo que sois. Hoy en día, muchos jóvenes se sienten obligados a mostrarse distintos de lo que son en realidad, para intentar adecuarse a estándares a menudo artificiales e inalcanzables. Hacen continuos «retoques fotográficos» de su imagen, escondiéndose detrás de máscaras y falsas identidades, hasta casi convertirse ellos mismos en un «fake». Muchos están obsesionados con recibir el mayor número posible de «me gusta». Y este sentido de inadecuación produce muchos temores e incertidumbres. Otros tienen miedo a no ser capaces de encontrar una seguridad afectiva y quedarse solos. Frente a la precariedad del trabajo, muchos tienen miedo a no poder alcanzar una situación profesional satisfactoria, a no ver cumplidos sus sueños. Se trata de temores que están presentes hoy en muchos jóvenes, tanto creyentes como no creyentes. E incluso aquellos que han abrazado el don de la fe y buscan seriamente su vocación tampoco están exentos de temores. Algunos piensan: quizás Dios me pide o me pedirá demasiado; quizás, yendo por el camino que me ha señalado, no seré realmente feliz, o no estaré a la altura de lo que me pide. Otros se preguntan: si sigo el camino que Dios me indica, ¿quién me garantiza que podré llegar hasta el final? ¿Me desanimaré? ¿Perderé el entusiasmo? ¿Seré capaz de perseverar toda mi vida?
En los momentos en que las dudas y los miedos inundan nuestros corazones, resulta imprescindible el discernimiento. Nos permite poner orden en la confusión de nuestros pensamientos y sentimientos, para actuar de una manera justa y prudente. En este proceso, lo primero que hay que hacer para superar los miedos es identificarlos con claridad, para no perder tiempo y energías con fantasmas que no tienen rostro ni consistencia. Por esto, os invito a mirar dentro de vosotros y «dar un nombre» a vuestros miedos. Preguntaos: hoy, en mi situación concreta, ¿qué es lo que me angustia, qué es lo que más temo? ¿Qué es lo que me bloquea y me impide avanzar? ¿Por qué no tengo el valor para tomar las decisiones importantes que debo tomar? No tengáis miedo de mirar con sinceridad vuestros miedos, reconocerlos con realismo y afrontarlos. La Biblia no niega el sentimiento humano del miedo ni sus muchas causas. Abraham tuvo miedo (cf. Gn 12,10s.), Jacob tuvo miedo (cf. Gn 31,31; 32,8), y también Moisés (cf. Ex 2,14; 17,4), Pedro (cf. Mt 26,69ss.) y los Apóstoles (cf. Mc 4,38-40, Mt 26,56). Jesús mismo, aunque en un nivel incomparable, experimentó el temor y la angustia (Mt 26,37, Lc 22,44).
«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (Mc 4,40). Este reproche de Jesús a sus discípulos nos permite comprender cómo el obstáculo para la fe no es con frecuencia la incredulidad sino el miedo. Así, el esfuerzo de discernimiento, una vez identificados los miedos, nos debe ayudar a superarlos abriéndonos a la vida y afrontando con serenidad los desafíos que nos presenta. Para los cristianos, en concreto, el miedo nunca debe tener la última palabra, sino que nos da la ocasión para realizar un acto de fe en Dios… y también en la vida. Esto significa creer en la bondad fundamental de la existencia que Dios nos ha dado, confiar en que él nos lleva a un buen final a través también de las circunstancias y vicisitudes que a menudo son misteriosas para nosotros. Si por el contrario alimentamos el temor, tenderemos a encerrarnos en nosotros mismos, a levantar una barricada para defendernos de todo y de todos, quedando paralizados. ¡Debemos reaccionar! ¡Nunca cerrarnos! En las Sagradas Escrituras encontramos 365 veces la expresión «no temas», con todas sus variaciones. Como si quisiera decir que todos los días del año el Señor nos quiere libres del temor.
El discernimiento se vuelve indispensable cuando se trata de encontrar la propia vocación. La mayoría de las veces no está clara o totalmente evidente, pero se comprende poco a poco. El discernimiento, en este caso, no pretende ser un esfuerzo individual de introspección, con el objetivo de aprender más acerca de nuestros mecanismos internos para fortalecernos y lograr un cierto equilibrio. En ese caso, la persona puede llegar a ser más fuerte, pero permanece cerrada en el horizonte limitado de sus posibilidades y de sus puntos de vista. La vocación, en cambio, es una llamada que viene de arriba y el discernimiento consiste sobre todo en abrirse al Otro que llama. Se necesita entonces el silencio de la oración para escuchar la voz de Dios que resuena en la conciencia. Él llama a la puerta de nuestro corazón, como lo hizo con María, con ganas de entablar en amistad con nosotros a través de la oración, de hablarnos a través de las Sagradas Escrituras, de ofrecernos su misericordia en el sacramento de la reconciliación, de ser uno con nosotros en la comunión eucarística.
Pero también es importante hablar y dialogar con otros, hermanos y hermanas nuestros en la fe, que tienen más experiencia y nos ayudan a ver mejor y a escoger entre las diversas opciones. El joven Samuel, cuando oyó la voz del Señor, no lo reconoció inmediatamente y por tres veces fue a Elí, el viejo sacerdote, quien al final le sugirió la respuesta correcta que debería dar a la llamada del Señor: «Si te llama de nuevo, di: “Habla Señor, que tu siervo escucha”» (1 S 3,9). Cuando dudéis, sabed que podéis contar con la Iglesia. Sé que hay buenos sacerdotes, consagrados y consagradas, fieles laicos, muchos de ellos jóvenes a su vez, que pueden acompañaros como hermanos y hermanas mayores en la fe; movidos por el Espíritu Santo, os ayudarán a despejar vuestras dudas y a leer el designio de vuestra vocación personal. El «otro» no es únicamente un guía espiritual, sino también el que nos ayuda a abrirnos a todas las riquezas infinitas de la existencia que Dios nos ha dado. Es necesario que dejemos espacio en nuestras ciudades y comunidades para crecer, soñar, mirar nuevos horizontes. Nunca perdáis el gusto de disfrutar del encuentro, de la amistad, el gusto de soñar juntos, de caminar con los demás. Los cristianos auténticos no tienen miedo de abrirse a los demás, compartir su espacio vital transformándolo en espacio de fraternidad. No dejéis, queridos jóvenes, que el resplandor de la juventud se apague en la oscuridad de una habitación cerrada en la que la única ventana para ver el mundo sea el ordenador y el smartphone. Abrid las puertas de vuestra vida. Que vuestro ambiente y vuestro tiempo estén ocupados por personas concretas, relaciones profundas, con las que podáis compartir experiencias auténticas y reales en vuestra vida cotidiana.
2. María
«Te he llamado por tu nombre» (Is 43,1). El primer motivo para no tener miedo es precisamente el hecho de que Dios nos llama por nuestro nombre. El ángel, mensajero de Dios, llamó a María por su nombre. Poner nombres es propio de Dios. En la obra de la creación, él llama a la existencia a cada criatura por su nombre. Detrás del nombre hay una identidad, algo que es único en cada cosa, en cada persona, esa íntima esencia que sólo Dios conoce en profundidad. Esta prerrogativa divina fue compartida con el hombre, al cual Dios le concedió que diera nombre a los animales, a los pájaros y también a los propios hijos (Gn 2,19-21; 4,1). Muchas culturas comparten esta profunda visión bíblica, reconociendo en el nombre la revelación del misterio más profundo de una vida, el significado de una existencia.
Cuando Dios llama por el nombre a una persona, le revela al mismo tiempo su vocación, su proyecto de santidad y de bien, por el que esa persona llegará a ser alguien único y un don para los demás. Y también cuando el Señor quiere ensanchar los horizontes de una existencia, decide dar a la persona a quien llama un nombre nuevo, como hace con Simón, llamándolo «Pedro». De aquí viene la costumbre de asumir un nuevo nombre cuando se entra en una orden religiosa, para indicar una nueva identidad y una nueva misión. La llamada divina, al ser personal y única, requiere que tengamos el valor de desvincularnos de la presión homogeneizadora de los lugares comunes, para que nuestra vida sea de verdad un don original e irrepetible para Dios, para la Iglesia y para los demás.
Queridos jóvenes: Ser llamados por nuestro nombre es, por lo tanto, signo de la gran dignidad que tenemos a los ojos de Dios, de su predilección por nosotros. Y Dios llama a cada uno de vosotros por vuestro nombre. Vosotros sois el «tú» de Dios, preciosos a sus ojos, dignos de estima y amados (cf. Is 43,4). Acoged con alegría este diálogo que Dios os propone, esta llamada que él os dirige llamándoos por vuestro nombre.
3. Has encontrado gracia ante Dios
El motivo principal por el que María no debe temer es porque ha encontrado gracia ante Dios. La palabra «gracia» nos habla de amor gratuito e inmerecido. Cuánto nos anima saber que no tenemos que conseguir la cercanía y la ayuda de Dios presentando por adelantado un «currículum de excelencia», lleno de méritos y de éxitos. El ángel dice a María que ya ha encontrado gracia ante Dios, no que la conseguirá en el futuro. Y la misma formulación de las palabras del ángel nos da a entender que la gracia divina es continua, no algo pasajero o momentáneo, y por esto nunca faltará. También en el futuro seremos sostenidos siempre por la gracia de Dios, sobre todo en los momentos de prueba y de oscuridad.
La presencia continua de la gracia divina nos anima a abrazar con confianza nuestra vocación, que exige un compromiso de fidelidad que hay que renovar todos los días. De hecho, el camino de la vocación no está libre de cruces: no sólo las dudas iniciales, sino también las frecuentes tentaciones que se encuentran a lo largo del camino. La sensación de no estar a la altura acompaña al discípulo de Cristo hasta el final, pero él sabe que está asistido por la gracia de Dios.
Las palabras del ángel se posan sobre los miedos humanos, disolviéndolos con la fuerza de la buena noticia de la que son portadoras. Nuestra vida no es pura casualidad ni mera lucha por sobrevivir, sino que cada uno de nosotros es una historia amada por Dios. El haber «encontrado gracia ante Dios» significa que el Creador aprecia la belleza única de nuestro ser y tiene un designio extraordinario para nuestra vida. Ser conscientes de esto no resuelve ciertamente todos los problemas y no quita las incertidumbres de la vida, pero tiene el poder de transformarla en profundidad. Lo que el mañana nos deparará, y que no conocemos, no es una amenaza oscura de la que tenemos que sobrevivir, sino que es un tiempo favorable que se nos concede para vivir el carácter único de nuestra vocación personal y compartirlo con nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia y en el mundo.
4. Valentía en el presente
La fuerza para tener valor en el presente nos viene de la convicción de que la gracia de Dios está con nosotros: valor para llevar adelante lo que Dios nos pide aquí y ahora, en cada ámbito de nuestra vida; valor para abrazar la vocación que Dios nos muestra; valor para vivir nuestra fe sin ocultarla o rebajarla.
Sí, cuando nos abrimos a la gracia de Dios, lo imposible se convierte en realidad. «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31). La gracia de Dios toca el hoy de vuestra vida, os «aferra» así como sois, con todos vuestros miedos y límites, pero también revela los maravillosos planes de Dios. Vosotros, jóvenes, tenéis necesidad de sentir que alguien confía realmente en vosotros. Sabed que el Papa confía en vosotros, que la Iglesia confía en vosotros. Y vosotros, ¡confiad en la Iglesia!
A María, joven, se le confió una tarea importante, precisamente porque era joven. Vosotros, jóvenes, tenéis fuerza, atravesáis una fase de la vida en la que sin duda no faltan las energías. Usad esa fuerza y esas energías para mejorar el mundo, empezando por la realidad más cercana a vosotros. Deseo que en la Iglesia se os confíen responsabilidades importantes, que se tenga la valentía de daros espacio; y vosotros, preparaos para asumir esta responsabilidad.
Os invito a seguir contemplando el amor de María: un amor atento, dinámico, concreto. Un amor lleno de audacia y completamente proyectado hacia el don de sí misma. Una Iglesia repleta de estas cualidades marianas será siempre Iglesia en salida, que va más allá de sus límites y confines para hacer que se derrame la gracia recibida. Si nos dejamos contagiar por el ejemplo de María, viviremos de manera concreta la caridad que nos urge a amar a Dios más allá de todo y de nosotros mismos, a amar a las personas con quienes compartimos la vida diaria. Y también podremos amar a quien nos resulta poco simpático. Es un amor que se convierte en servicio y dedicación, especialmente hacia los más débiles y pobres, que transforma nuestros rostros y nos llena de alegría.
Quisiera terminar con las hermosas palabras de san Bernardo en su famosa homilía sobre el misterio de la Anunciación, palabras que expresan la expectativa de toda la humanidad ante la respuesta de María: «Oíste, Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo; oíste que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta. También nosotros esperamos, Señora, esta palabra de misericordia. Por tu breve respuesta seremos ahora restablecidos para ser llamados de nuevo a la vida. Esto mismo te pide el mundo todo postrado a tus pies. Oh Virgen, da pronto tu respuesta» (Homilía 4, 8-9: Opera Omnia, Ed. Cisterciense, 4 [1966] 53-54).
Queridos jóvenes: el Señor, la Iglesia, el mundo, esperan también vuestra respuesta a esa llamada única que cada uno recibe en esta vida. A medida que se aproxima la JMJ de Panamá, os invito a prepararos para nuestra cita con la alegría y el entusiasmo de quien quiere ser partícipe de una gran aventura. La JMJ es para los valientes, no para jóvenes que sólo buscan comodidad y que retroceden ante las dificultades. ¿Aceptáis el desafío?
Vaticano, 11 de febrero de 2018,
VI Domingo del Tiempo Ordinario,
Memoria de Nuestra Señora de Lourdes
FRANCISCO