La enseñanza de la religión en las escuelas de la Prelatura de Yauyos, en la década de los 50 y 60. (Por Pbro. RICARDO MARTÍNEZ CARAZO)
Muy pronto, en nuestras visitas a los pueblos, descubrimos con alegría que, incluso en las alturas más remotas, no faltaba su escuelita, maestros y gran número de alumnos. Otro gran aliciente que encontramos era que el Ministerio de Educación mandaba a los maestros dar dos clases de Religión a la semana. Hablando amigablemente con los maestros les preguntábamos: ¿Cómo se arreglan para dar las clases de religión cada semana? Porque manuales de Religión o catecismos, según nos decían, nunca habían tenido. Ellos, de uno u otro modo, venían a decir siempre lo mismo: -Pero, Padrecito, ¿quién nos ha enseñado a nosotros Religión, para que nosotros nos atrevamos a dársela a los niños? Lo que a primera vista pudiera parecer una fácil excusa, pronto se vio que era un verdadero deseo de que se les facilitasen los medios para que ellos pudieran cumplir con esa tarea. (…) Muchas Escuelas y muchísimos niños. Pronto, incluida la provincia de Cañete, unos 40.000, tantos como catecismos editados cada año. Por aquel entonces, década de los 60, comenzaban a escasear los Catecismos tradicionales hasta llegar a desparecer. En su lugar aparecieron unos cuadernos con las hojas en blanco y un título de este estilo: «Dibuja cómo te imaginas tú que es el Cielo». Había que ir pensando en los nuevos Cuadernos de Religión y Catecismos… Pero también contábamos con unos 1500 Maestros, entre las tres provincias, dispuestos a colaborar como después se demostró. Pronto vendrían más sacerdotes a reforzamos. Las Catecismos podríamos hacerles y distribuirles nosotros de Escuela en Escuela. Habría que hacer muchas horas a cabello, pero valía la pena… Recuerdo que los exámenes finales del primer Concurso Catequístico coincidieron con una huelga general de maestros, a pesar de todos los resultados fueron bastante buenos, así que nos dijimos: Si esto se ha conseguido con la huelga, ¿qué será sin la huelga? Sobre todo, nos impulsaban aquellas suaves arengas de D. Ignacio con las que solía poner el broche de oro al terminar los retiros mensuales en Yauyos. Era como una coletilla invariable que llegamos aprender de memoria: «Ya sabemos todos que tenemos mucho más trabajo del que podemos hacer. Por eso, orden, y a no perder el punto de mira: 1 ° atención a los monaguillos (sorpresa general) 2° visitar las escuelas; 3° amistad con los maestros, 4° dar doctrina a todas horas, 5° administrar los sacramentos… Y aquellas palabras de San Josemaría Escrivá, difíciles de olvidar, que con frecuencia nos llegaban como venidas del cielo: Por ejemplo: «Cumplidme las Normas y estados siempre alegres, contentos: no os sintáis nunca solos, porque -consummati in unum- todos estamos con el corazón y con nuestras oraciones, en Yauyos.»
Primeros pasos en la organización del Concurso
Elaboramos unas Bases elementales que distribuimos oportunamente a todas las Escuelas, visitándolas cuando nos era posible, o a través de la Hoja Dominical. En los Cuadernos de Religión, de 1 ° a 5° de Primaria, elaborados por la Comisión Catequética de Yauyos, figuraba la materia a estudiar que era la misma que señalaban los programas del Ministerio. Los maestros y maestras, los recibieron muy contentos. «Ahora sí, Padrecito, podemos colaborar -nos decían- en la enseñaza de nuestra santa Religión.» Y no fueron solo palabras, la inmensa mayoría hicieron todo lo que podían que era mucho. Ellos tenían también un aliciente en los diplomas que otorgábamos a los maestros cuyos alumnos resultaban capeones en algunos de los exámenes, porque suponían méritos en su escalafón. Los exámenes finales eran escritos y se llevaban a cabo a nivel escolar, a veces también a nivel comarcal; los que quedaban Campeones y Subcampeones acudían al examen Provincial y finalmente, los ganadores iban al examen final Interprovincial donde los vencedores eran proclamados Reyes o Reinas del Catecismo del año en curso. Un acierto para no olvidar, que pronto se incluyó también en las Bases, fu exigir un mínimo de nota media de 11 puntos sobre 20, para que los Campeones de cada curso pudieran tener opción ulteriores exámenes. Así se logró que t todos los niños estudiaran y aprendieran Religión, muchas veces a la luz de una vela o de la luna. También los ganadores recibían estimulantes premios como viajes al Cuzco, bolsa incluida, o poder asistir gratis a una convivencia de 15 días en verano, con los gastos pagados. Animó también mucho a niños y mayores el carácter deportivo y alegre que se logró dar a las jornadas de los Exámenes. Pro algo se dice que el peruano es una persona eminentemente celebrante. (…) (Estos artículos han sido tomados de la “Revista de la Prelatura de Yauyos, Cañete y Huarochirí No.5 -2004”).

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