• "Dios es quien siempre llama, quien siempre busca y se quien encarga personalmente de cada uno de nosotros". S. Agustin

  • "La vida es un juego; participa en él. La vida es demasiado preciosa; no la destruyas".M.Teresa de C

  • "Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor".S.Agustin

jueves, 18 de enero de 2018

TEXTO Discurso del Papa Francisco a los sacerdotes y vida consagrada en Chile



El Papa Francisco / Captura de pantalla
(ACI).- El Papa Francisco dirigió este martes en la Catedral de Santiago (Chile), un discurso a los sacerdotes y miembros de la vida consagrada para invitarlos a no dejarse desalentar por las dificultades, pues es en las horas cruciales donde nace el apóstol.
A continuación el discurso completo del Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas buenas tardes:
Me alegra poder compartir este encuentro con ustedes. Me gustó la manera con la que el Cardenal Ezzati los iba presentando: aquí están...aquí están: las consagradas, los consagrados, los presbíteros, los diáconos permanentes, los seminaristas. Aquí están. Me vino a la memoria el día de nuestra ordenación o consagración cuando, después de la presentación, decíamos: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». En este encuentro queremos decirle al Señor: «aquí estamos» para renovar nuestro sí. Queremos renovar juntos la respuesta al llamado que un día inquietó nuestro corazón.
Y para ello, creo que nos puede ayudar partir del pasaje del Evangelio que escuchamos y compartir tres momentos de Pedro y de la primera comunidad: Pedro por la comunidad abatida, Pedro y la comunidad misericordiada, y Pedro y la comunidad transfigurada.
Juego con este binomio Pedro- comunidad ya que la vivencia de los apóstoles siempre tiene este doble aspecto, uno personal y uno comunitario. Van de la mano y no los podemos separar. Somos, sí, llamados individualmente pero siempre a ser parte de un grupo más grande. No existe el selfie vocacional, no existe.  La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡y qué le vamos a hacer! Así son las cosas.
1. Pedro abatido la comunidad abatida
Siempre me gustó el estilo de los Evangelios de no decorar ni endulzar los acontecimientos, ni de pintarlos bonitos. Nos presentan la vida como viene y no como tendría que ser. El Evangelio no tiene miedo de mostrarnos los momentos difíciles, y hasta conflictivos, que pasaron los discípulos.
Recompongamos la escena. Habían matado a Jesús; algunas mujeres decían que estaba vivo (cf. Lc 24,22-24). Si bien habían visto a Jesús Resucitado, el acontecimiento es tan fuerte que los discípulos necesitarían tiempo para comprender. Lucas dice era tal la alegría que  no podían comprender. Comprensión que les llegará en Pentecostés, con el envío del Espíritu Santo. La irrupción del Resucitado llevará tiempo para calar en el corazón de los suyos.
Los discípulos vuelven a su tierra. Van a hacer lo que sabían hacer: pescar. No estaban todos, solo algunos. ¿Divididos, fragmentados? No lo sabemos. Lo que nos dice la Escritura es que los que estaban no pescaron nada. Tienen las redes vacías.
Pero había otro vacío que pesaba inconscientemente sobre ellos: el desconcierto y la turbación por la muerte de su Maestro. Ya no está, fue crucificado. Pero no solo Él estaba crucificado, sino ellos también, ya que la muerte de Jesús puso en evidencia un torbellino de conflictos en el corazón de sus amigos. Pedro lo negó, Judas lo traicionó, los demás huyeron y se escondieron. Solo un puñado de mujeres y el discípulo amado se quedaron. El resto, se marchó. En cuestión de días todo se vino abajo.
Son las horas del desconcierto y la turbación en la vida del discípulo. En los momentos «en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etcétera, es levantada por acontecimientos culturales e históricos, no es fácil atinar con el camino a seguir. Existen varias tentaciones propias de ese tiempo: discutir ideas, no darle la debida atención al asunto, fijarse demasiado en los perseguidores... y creo que la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación». Sí, quedarse rumiando la desolación. Y esto es lo que le pasó a los discípulos.
Como nos decía el Cardenal Ezzati, «la vida presbiteral y consagrada en Chile ha atravesado y atraviesa horas difíciles de turbulencias y desafíos no indiferentes. Junto a la fidelidad de la inmensa mayoría, ha crecido también la cizaña del mal y su secuela de escándalo y deserción».
Momento de turbulencias. Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuánto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza.
Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir «vestido de cura» en muchos lados se está «pagando caro». Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo.
Y no rumiar la desolación. Me gustaría añadir además otro aspecto importante. Nuestras sociedades están cambiando. El Chile de hoy es muy distinto al que conocí en tiempo de mi juventud, cuando me formaba. Están naciendo nuevas y diversas formas culturales que no se ajustan a los márgenes conocidos. Y tenemos que reconocer que, muchas veces, no sabemos cómo insertarnos en estas nuevas circunstancias. A menudo soñamos con las «cebollas de Egipto» y nos olvidamos que la tierra prometida está delante, no atrás.
Que la promesa es de ayer, pero para mañana. Y entonces podemos caer en la tentación de recluirnos y aislarnos para defender nuestros planteos que terminan siendo no más que buenos monólogos. Podemos tener la tentación de pensar que todo está mal, y en lugar de profesar una «buena nueva», lo único que profesamos es apatía y desilusión. Así cerramos los ojos ante los desafíos pastorales creyendo que el Espíritu no tendría nada que decir. Así nos olvidamos que el Evangelio es un camino de conversión, pero no sólo de «los otros», sino también de nosotros.
Nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se presenta. La realidad personal, comunitaria y social. Las redes —dicen los discípulos— están vacías, y podemos comprender los sentimientos que esto genera. Vuelven a casa sin grandes aventuras que contar, vuelven a casa con las manos vacías, vuelven a casa abatidos.
¿Qué quedó de esos discípulos fuertes, animados, airosos, que se sentían elegidos y que habían dejado todo para seguir a Jesús? (cf. Mc 1,16-20). ¿Qué quedó de esos discípulos seguros de sí, que irían a prisión y hasta darían la vida por su Maestro (cf. Lc 22,33), que para defenderlo querían mandar fuego sobre la tierra (cf. Lc 9,54), por el que desenvainarían la espada y darían batalla? (cf. Lc 22,49-51). ¿Qué quedó del Pedro que increpaba a su Maestro acerca de cómo tendría que llevar adelante su vida, su programa redentor? (cf. Mc 8,31-33). La desolación.
2. Pedro misericordiado, la comunidad misericordiada
Es la hora de la verdad en la vida de la primera comunidad. Es la hora en que Pedro se confrontó con parte de sí mismo. Con la parte de su verdad que muchas veces no quería ver. Hizo experiencia de su limitación, de su fragilidad, de su ser pecador. Pedro el temperamental, el jefe impulsivo y salvador, con una buena dosis de autosuficiencia y exceso de confianza en sí mismo y en sus posibilidades, tuvo que someterse a su debilidad y a su pecado. Él era tan pecador como los otros, era tan necesitado como los otros, era tan frágil como los otros. Pedro falló a quien juró cuidar. Hora crucial en la vida de Pedro.
Como discípulos, como Iglesia, nos puede pasar lo mismo. Hay momentos en los que nos confrontamos no con nuestras glorias, sino con nuestra debilidad. Horas cruciales en la vida de los discípulos, pero en esa hora es también donde nace el apóstol. Dejemos que el texto nos lleve de la mano. «Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿Me amas más que estos?» (Jn 21,15).
Después de comer, Jesús invita a Pedro a dar un paseo y la única palabra es una pregunta, una pregunta de amor: ¿Me amas? Jesús no va al reproche, ni a la condena. Lo único que quiere hacer es salvar a Pedro. Lo quiere salvar del peligro de quedarse encerrado en su pecado, de que quede «masticando» la desolación fruto de su limitación; salvarlo del peligro de claudicar, por sus limitaciones, de todo lo bueno que había vivido con Jesús. Jesús lo quiere salvar del encierro y del aislamiento.
Lo quiere salvar de esa actitud destructiva que es victimizarse o al contrario, caer en un «da todo lo mismo» y que al final termina aguando cualquier compromiso en el más perjudicial relativismo. Quiere liberarlo de tomar a quien se le opone como si fuese un enemigo, o no aceptar con serenidad las contradicciones o las críticas.
Quiere liberarlo de la tristeza y especialmente del mal humor. Con esa pregunta, Jesús invita a Pedro a que escuche su corazón y aprenda a discernir. Ya que «no era de Dios defender la verdad a costa de la caridad, ni la caridad a costa de la verdad, ni el equilibrio a costa de ambas. Tiene que discernir. Jesús quiere evitar que Pedro se vuelva un veraz destructor o un caritativo mentiroso o un perplejo paralizado», como nos puede pasar en estas situaciones.
Jesús interrogó a Pedro sobre su amor e insistió en él hasta que este pudo darle una respuesta realista: «Sí, Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21,17). Así Jesús lo confirma en la misión. Así lo vuelve definitivamente su apóstol.
¿Qué es lo que fortalece a Pedro como apóstol? ¿Qué nos mantiene a nosotros apóstoles? Una sola cosa: «Fuimos tratados con misericordia» «Fuimos tratados con misericordia» (1 Tm 1,12-16). «En medio de nuestros pecados, límites, miserias; en medio de nuestras múltiples caídas, Jesucristo nos vio, se acercó, nos dio su mano y nos trató con misericordia. Cada uno de nosotros podría hacer memoria, repasando todas las veces que el Señor lo vio, lo miró, se acercó y lo trató con misericordia». Los invito a que lo hagan. No estamos aquí porque seamos mejores que otros.
No somos superhéroes que, desde la altura, bajan a encontrarse con los «mortales». Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados. Y esa es la fuente de nuestra alegría.
Somos consagrados, pastores al estilo de Jesús herido, muerto y resucitado. El consagrado  cuando digo consagrado, digo todos los que están aquí, es quien encuentra en sus heridas los signos de la Resurrección. Es quien puede ver en las heridas del mundo la fuerza de la Resurrección. Es quien, al estilo de Jesús, no va a encontrar a sus hermanos con el reproche y la condena.
Jesucristo no se presenta a los suyos sin llagas; precisamente desde sus llagas es donde Tomás puede confesar la fe. Estamos invitados a no disimular o esconder nuestras llagas. Una Iglesia con llagas es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy y hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene un nombre: Jesucristo.
La conciencia de tener llagas nos libera. Sí, nos libera de volvernos autorreferenciales, de creernos superiores. Nos libera de esa tendencia «prometeica de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado».
En Jesús, nuestras llagas son resucitadas. Nos hacen solidarios; nos ayudan a derribar los muros que nos encierran en una actitud elitista para estimularnos a tender puentes e ir a encontrarnos con tantos sedientos del mismo amor misericordioso que solo Cristo nos puede brindar. «¡Cuántas veces soñamos con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, propios de generales derrotados! Así negamos nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa, porque todo trabajo es sudor de nuestra frente».[5] Veo con cierta preocupación que existen comunidades que viven arrastradas más por la desesperación de estar en la cartelera, por ocupar espacios, por aparecer y mostrarse, que por remangarse y salir a tocar la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel.
Qué cuestionadora reflexión la de ese santo chileno que advertía: «Serán, pues, métodos falsos todos lo que sean impuestos por uniformidad; todos los que pretendan dirigirnos a Dios haciéndonos olvidar de nuestros hermanos; todos los que nos hagan cerrar los ojos sobre el universo, en lugar de enseñarnos a abrirlos para elevar todo al Creador de todo ser; todos los que nos hagan egoístas y nos replieguen sobre nosotros mismos».
El Pueblo de Dios no espera ni necesita de nosotros superhéroes, espera pastores, hombres y mujeres consagrados, que sepan de compasión, que sepan tender una mano, que sepan detenerse ante el caído y, al igual que Jesús, ayuden a salir de ese círculo en «masticar» la desolación que envenena el alma.
3. Pedro transfigurado la comunidad transfigurada
Jesús invita a Pedro a discernir y así comienzan a cobrar fuerza muchos acontecimientos de la vida de Pedro, como el gesto profético del lavatorio de los pies. Pedro, el que se resistía a dejarse lavar los pies, comenzaba a comprender que la verdadera grandeza pasa por hacerse pequeño y servidor.
¡Que pedagogía la de nuestro Señor! Del gesto profético de Jesús a la Iglesia profética que, lavada de su pecado, no tiene miedo de salir a servir a una humanidad herida.
Pedro experimentó en su carne la herida no solo del pecado, sino de sus propios límites y flaquezas. Pero descubrió en Jesús que sus heridas pueden ser camino de Resurrección.
Conocer a Pedro abatido para conocer al Pedro transfigurado es la invitación a pasar de ser una Iglesia de abatidos desolados, a una Iglesia servidora de tantos abatidos que conviven a nuestro lado. Una Iglesia capaz de ponerse al servicio de su Señor en el hambriento, en el preso, en el sediento, en el desalojado, en el desnudo, en el enfermo... (cf. Mt 25,35). Un servicio que no se identifica con asistencialismo o paternalismo, sino con conversión de corazón.
El problema no está en darle de comer al pobre, vestir al desnudo, acompañar al enfermo, sino en considerar que el pobre, el desnudo, el enfermo, el preso, el desalojado tienen la dignidad para sentarse en nuestras mesas, de sentirse «en casa» entre nosotros, de sentirse familia. Y ese es el signo de que el Reino de los Cielos está entre nosotros. Es el signo de una Iglesia que fue herida por su pecado, misericordiada por su Señor, y convertida en profética por vocación.
Renovar la profecía es renovar nuestro compromiso de no esperar un mundo ideal, una comunidad ideal, un discípulo ideal para vivir o para evangelizar, sino crear condiciones para que cada persona abatida pueda encontrarse con Jesús. No se aman las situaciones ni las comunidades, se aman las personas.
El reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites, lejos de alejarnos de nuestro Señor nos permite volver a Jesús sabiendo que «Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece. Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual». ¡Qué bien nos hace a todos dejar que Jesús nos renueve el corazón!
Cuando comenzaba este encuentro, les decía que veníamos a renovar nuestro sí, con ganas, con pasión. Queremos renovar nuestro sí, pero realista, porque está apoyado en la mirada de Jesús. Los invito a que cuando vuelvan a sus casas armen en su corazón una especie de testamento espiritual, al estilo del Cardenal Raúl Silva Henríquez. Esa hermosa oración que comienza diciendo: «La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días... la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días… Jesucristo, el Evangelio, el pan, la Eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde cada día. Con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres que cantaban, que luchaban, que sufrían. La Santa Iglesia de todos los días».
Te pregunto: ¿Cómo es la Iglesia que tú amas? ¿Amas a esta Iglesia herida que encuentra vida en las llagas de Jesús? Gracias por este encuentro, gracias por la oportunidad de renovar el «sí» con ustedes. Que la Virgen del Carmen los cubra con su manto.
Y por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias.

Esta es la “contraseña” de vida que el Papa propuso a los jóvenes en Chile

El Papa Francisco en el encuentro con los jóvenes en Maipú en Santiago de Chile. Foto: David Ramos / ACI Prensa

(ACI).- El Papa Francisco se encontró esta tarde con miles de jóvenes, a quienes les propuso guardar una especial contraseña en el corazón que les ayudará en su camino a la fe.

El Santo Padre les dio a los miles de fieles una contraseña, tomada de una pregunta que con frecuencia se hacía el conocido santo chileno, San Alberto Hurtado: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”

En medio de un gran ambiente de fiesta en el Santuario Nacional de Maipú en Santiago de Chile, el Santo Padre fue recibido por el himno de la visita del Papa a Chile “Mi paz les doy”, entonado por el cantante Américo y una pequeña niña.

Allí, el Papa se encontró con miles de jóvenes que lo esperaron desde la mañana para poder estar con él y que lo recibieron con el lema instaurado por los participantes de la JMJ Madrid 2011: “¡Esta es la juventud del Papa!”

Tras el saludo inicial, tres jóvenes presentaron a Francisco una cruz de color azul a la que el Papa le colocó una cinta roja, en señal del compromiso de los jóvenes de trabajar “por un Chile mejor”.

Antes de las palabras del Pontífice, los presentes oyeron el testimonio de Ariel Rojas, quien compartió algunas reflexiones con Francisco sobre la vivencia de su generación en el Chile de hoy, “distinto al que recibió a Juan Pablo II hace 30 años”.




En sus palabras, Rojas prometió al Santo Padre las oraciones de todos los jóvenes para que sean “su respaldo cuando se sienta agotado por sus infinitas tareas como Sucesor de Pedro, el Papa, nuestro Papa”.

En el encuentro se leyó un pasaje del Evangelio de San Juan en el que Jesús les dice a unos jóvenes que quieren saber dónde vive y el Señor les responde “vengan y lo verán”; y en el que el Hijo de Dios elige a Pedro como su apóstol.

La contraseña para la vida

En su meditación, el Pontífice compartió una anécdota de una ocasión en que le preguntó a un joven que era lo que más le molestaba.

“’Cuando al celular se le acaba la batería o cuando pierdo la señal de internet’. Le pregunté: ‘¿Por qué?’. Me responde: ‘Padre, es simple, me pierdo todo lo que está pasando, me quedo fuera del mundo, como colgado. En esos momentos, salgo corriendo a buscar un cargador o una red de wifi y la contraseña para volverme a conectar’”.

Esta experiencia, dijo el Papa, le hizo pensar “que con la fe nos puede pasar lo mismo. Después de un tiempo de camino o del ‘embale’ inicial, hay momentos en los que sin darnos cuenta comienza a bajar ‘nuestro ancho de banda’ y empezamos a quedarnos sin conexión, sin batería, y entonces nos gana el mal humor, nos volvemos descreídos, tristes, sin fuerza, y todo lo empezamos a ver mal”.

“Al quedarnos sin esa ‘conexión’ que le da vida a nuestros sueños, el corazón comienza a perder fuerza, a quedarse también sin batería y como dice esa canción (“Aquí”, del conocido grupo chileno La Ley): ‘el ruido ambiente y soledad de la ciudad nos aíslan de todo. El mundo que gira al revés pretende sumergirme en él ahogando mis ideas”.

Francisco explicó que “sin conexión, sin la conexión con Jesús, terminamos ahogando nuestras ideas, nuestros sueños, nuestra fe y nos llenamos de mal humor. De protagonistas —que lo somos y lo queremos ser— podemos llegar a sentir que vale lo mismo hacer algo que no hacerlo. Quedamos desconectados de lo que está pasando en ‘el mundo’. Comenzamos a sentir que quedamos ‘fuera del mundo’, como me decía ese joven. Me preocupa cuando, al perder ‘señal’, muchos sienten que no tienen nada que aportar y quedan como perdidos”.

Luego, el Papa arengó a cada joven: “nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie. Nunca. Ese pensamiento, como le gustaba decir a Hurtado, ‘es el consejo del diablo’ que quiere hacerte sentir que no vales nada… pero para dejar las cosas como están. Todos somos necesarios e importantes, todos tenemos algo que aportar”.




El Papa destacó asimismo una regla de oro de San Alberto Hurtado, una “contraseña” esencial para afrontar la vida, que era una pregunta: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?’. En la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’. Cuando salen a bailar, cuando están haciendo deportes o van al estadio: ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’”.

Esa, dijo, “es la contraseña, la batería para encender nuestro corazón, encender la fe y la chispa en los ojos. Eso es ser protagonistas de la historia. Ojos chispeantes porque descubrimos que Jesús es fuente de vida y alegría”.

Tras recordar que los jóvenes deben ser protagonistas de la historia, el Papa alentó a que “salgan ‘al tiro’ al encuentro de sus amigos, de aquellos que no conocen o que están en un momento de dificultad”.

“Vayan con la única promesa que tenemos: en medio del desierto, del camino, de la aventura, siempre habrá ‘conexión’, existirá un ‘cargador’. No estaremos solos. Siempre gozaremos de la compañía de Jesús, de su Madre y de una comunidad”, exhortó.

Francisco dijo también a los jóvenes que “si no usan la contraseña se van a olvidar. Cárguenla en el corazón. Repítanla y úsenla ‘¿Qué haría Cristo en mi lugar?’”

“La usarán todos los días, y llegará el momento en el que se la van a saber de memoria, y llegará el día en que, sin darse cuenta, el corazón de cada uno de ustedes latirá como el de Jesús”, subrayó.

Papa Francisco: esta es la agenda oficial de su visita al Perú 2018

Papa Francisco: esta es la agenda oficial de su visita al Perú
Papa Francisco visitará el Perú del 18 al 21 de enero. Foto: difusión
Ya solo faltan horas para la llegada del papa Francisco al Perú, quien visitará el país entre hoy 18 y el 21 de enero. Es la primera visita de un pontífice al país en los últimos 30 años. En la capital celebrará una misa en la base aérea Las Palmas el último día de su estadía.
La Conferencia Episcopal Peruana dio detalles sobre las actividades que cumplirá el papa Francisco. El coordinador general de la visita papal, monseñor Norberto Strotmann brindó los detalles sobre la llegada que será hoy por la tarde en el Grupo N°8 de la Fuerza Aérea del Perú.
Al día siguiente, el papa visitará Puerto Maldonado donde, entre otras actividades, tendrá un encuentro con las comunidades indígenas en el Coliseo Regional. 
El 20 de enero estará en Trujillo, zona afectada por el Fenómeno El Niño Costero, además de una misa en la explanada de la playa Huanchaco. Mientras que el domingo 21 de enero, el pontífice celebrará una multitudinaria misa en la base aérea Las Palmas.  Además, visitará la Catedral de Lima.  El papa Francisco tiene en agenda un encuentro con los obispos del país y rezar el Ángelus en la Plaza de Armas.
Consulta en estos enlaces la agenda detallada:

Miles de fieles peregrinarán hasta el Hogar del Papa Francisco en el Perú

Image result for papa francisco peru
Tal como lo hizo San Juan Pablo II en sus viajes a nuestro país hace 30 años, el Papa Francisco descansará los tres días de su estadía en el Perú en la Nunciatura Apostólica, la cual se convertirá en el hogar del Santo Padre.
Es así que miles de fieles llegarán hasta los exteriores de dicho recinto para expresarle el cariño del pueblo peruano.

Un programa especial
La noche del jueves 18 de enero, a su llegada del aeropuerto y luego de recorrer toda la avenida Brasil y la avenida Guzmán Blanco, el Santo Padre será recibido por los más de 30 mil jóvenes voluntarios pertenecientes a la Guardia del Papa, quienes se han venido preparando y capacitando para este gran momento.
Al día siguiente, el viernes 19 de enero, luego de su visita a Puerto Maldonado y al concluir sus actividades en Palacio de Gobierno y en la Iglesia San Pedro, el Sumo Pontífice será recibido por miles de pobladores de Manchay que llegarán peregrinando junto a su patrona, la Virgen del Rosario.
El sábado 20 de enero, los enfermos y personas discapacitadas también se harán presentes y visitarán los exteriores de la sede diplomática del Vaticano. A ellos se sumará un grupo de mendigos de las calles de Lima que van a estar junto al Papa.
“Estos tres días están caracterizados por un programa propio con una producción especial. El jueves está dedicado exclusivamente a la juventud; el 19 está dedicado a la familia, el día 20 está dedicado a los enfermos, a los discapacitados y vamos a tener a cientos de mendigos de las calles de Lima que van a estar junto al Papa. Va a haber ocasiones bonitas en la Nunciatura en las que el Papa se va encontrar con este grupo significativo de personas”. Estas fueron las palabras del padre Luis Gaspar, director ejecutivo de la visita del Papa en Lima.

Todo va quedando listo
Por este motivo, ya se vienen realizando los ensayos en las afueras de la Nunciatura y están quedando listos todos los detalles de la programación. También se vienen instalando estructuras donde estará ubicada la prensa; así como las pantallas gigantes que permitirán a los miles de fieles que se acerquen hasta la Nunciatura a estar más cerca del Papa Francisco.
Así también, en los alrededores ya se siente la presencia del Sumo Pontífice con paneles y carteles que adornarán el trayecto de su llegada

miércoles, 12 de abril de 2017

18 películas recomendadas para Semana Santa

Image result for peliculas
REDACCIÓN CENTRAL, 11 Abr. 17 / 08:01 pm (ACI).- Semana Santa es un tiempo propicio para conocer y reflexionar más sobre el sentido de ser cristianos y qué mejor si es con la ayuda de una buena película. A continuación 18 filmes con claves de fe que marcaron y cambiaron la vida de muchos de sus espectadores.
La Pasión de Cristo (2004)

Iniciamos la lista con la adaptación de Mel Gibson de los últimos días de Jesucristo. El filme fue rodado en latín y en arameo, idiomas que habló Jesús, y fue proyectado en todo el mundo en versión original por deseo del director. Además, atrajo la atención de todos por la crudeza y realismo de sus imágenes.
Ben Hur (1959)
William Wyler firmó una épica superproducción protagonizada por Charlton Heston, Stephen Boyd y Jack Hawkins que obtuvo once premios Oscar. Una historia de dos viejos amigos que se enfrentan y en la que no se muestra el rostro de Jesucristo, aunque su presencia marcará toda la vida de Judá Ben-Hur.
Jesús de Nazareth (1977)
Aunque se trata de una miniserie de televisión y no una película, la obra de Franco Zeffirelli es quizás el mejor relato global del nacimiento, obra y muerte de Jesucristo. El Beato Pablo VI, tras visionar esta producción, recibió en audiencia al director de cine Franco Zefirelli y le agradeció por su obra.
Los Diez Mandamientos (1956)
Charlton Heston vuelve a aparecer con la adaptación del pasaje de Moisés y Los Diez Mandamientos que dirigió el legendario Cecil B. DeMille. Una colosal superproducción de proporciones bíblicas: casi cuatro horas de duración.
Little Boy (2015) 
Little Boy (El gran pequeño) es la historia de un niño que durante la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos pone a prueba la fe. El pequeño de 8 años es rechazado por su baja estatura, pero el destino le tiene preparada una sorpresa: un sacerdote y el hombre que era su peor enemigo le ayudarán a descubrir el sentido de la vida y una oportunidad para inspirar a todos en su pueblo.
Risen (2016)
"Risen" es un filme estrenado en el 2016 que presenta la Resurrección de Cristo narrada a través de los ojos de un agnóstico. Clavius (Joseph Fiennes), un poderoso centurión romano, y su edecán Lucius (Tom Felton), reciben la misión de resolver el misterio de lo que ocurrió con Jesús en las semanas siguientes a la crucifixión para desmentir los rumores de un Mesías que resucitó y evitar una revuelta en Jerusalén.
Quo Vadis? (1951)
El título significa en latín “¿A dónde vas?” y se refiere a las palabras de Pedro cuando se encuentra con Cristo en la Vía Apia. La cinta muestra el amor de un soldado romano por una joven doncella, integrante del primer grupo de cristianos en Roma, y que será puesto a prueba después que Nerón queme Roma y les eche la culpa a los cristianos.
Son of God (2014)
Los productores del filme Mark Burnett y Roma Downey presentan una historia “contada con la dimensión y la escala de una épica de acción” que narra la vida de Jesús desde su nacimiento hasta la resurrección. El reconocido actor mexicano, Eduardo Verástegui, se encargó de interpretar la voz de Jesús.
Marcelino, pan y vino (1954)
Relata la historia de un niño huérfano que cambiará la vida y el nombre de los frailes. Con su inocencia y picardía se hará querer hasta por el propio Cristo en la cruz. Se llevó el Oso de Plata en el Festival de Berlín. En el 2013 se lanzó una nueva versión de esta obra.
La misión (1986)
El largometraje está situado en la época colonial de Sudamérica. Los valientes misioneros jesuitas buscan evangelizar a los indígenas, instruirlos y protegerlos de los tratantes de esclavos. Pero los planes políticos contra el trabajo de los jesuitas harán que los religiosos desencadenen una emotiva y dura muestra de fe.
Escarlata y negro (1983)
Refleja parte de lo que se vivió durante la ocupación nazi en Roma y las tensiones contra el Vaticano por refugiar judíos y perseguidos políticos de los alemanes. Un sacerdote, que salvó la vida de cientos de personas, estará en la mira de los altos oficiales nazis, pero no podrán tocarlo por estar dentro del territorio papal.
Cristiada (2012)
Película que describe la dramática e histórica persecución del gobierno mexicano contra la Iglesia Católica en la década de 1920’s. Muchos fieles fueron llevados al martirio, otros optaron por el camino de las armas, pero la fuerza de “¡Viva Cristo Rey!” hará resonar la verdad.
Un Dios prohibido (2013)
Narra el martirio de 51 miembros de la Congregación Claretiana durante la Guerra Civil Española. El hecho ocurrió en 1936 en la localidad de Barbastro, en Zaragoza. Ellos fueron beatificados por San Juan Pablo II en 1992.
Encontrarás dragones (2011)
Drama épico dirigido por Roland Joffé, ambientado en la Guerra Civil española, que narra la vida de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Ambientada en la época de la Guerra Civil Española, trata temas como la amistad, el amor, el odio, la traición, el perdón y la búsqueda del sentido de la vida.
De dioses y de hombres (2010)
Película francesa sobre unos monjes cristianos en Argelia que viven en armonía con la población musulmana hasta que estalla la guerra civil que azotó al país entre 1991 y 2002. Esta producción fue ganadora del Premio del Jurado y el Premio del Jurado Ecuménico del Festival de Cannes de 2010.
I am David (2003)
Davis tiene 12 años que escapa de un campo de concentración nazi con la ayuda de Johannes, su amigo y protector. El pequeño deberá llegar a Dinamarca con un sobre sellado que le está prohibido abrir. Esta obra destaca la fuerza y el valor inquebrantable de un niño.
La última cima (2010)
Documental español basado en la vida del alegre P. Pablo Domínguez que murió en un accidente en una cima española, tras intentar salvar la caída de su acompañante. Esta obra refleja la profunda huella que puede dejar un buen sacerdote entre las personas.
El Príncipe de Egipto (1998)
Pensando en los más pequeños se incluye en la lista esta historia de Moisés que fue la primera película de animación tradicional producida y distribuida por Dreamworks, la productora creada por Steven Spielberg.