• "Dios es quien siempre llama, quien siempre busca y se quien encarga personalmente de cada uno de nosotros". S. Agustin

  • "La vida es un juego; participa en él. La vida es demasiado preciosa; no la destruyas".M.Teresa de C

  • "Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor".S.Agustin

domingo, 21 de enero de 2018

10 cosas que no viste de la visita del Papa a Perú

(ACI).- Durante su estadía en Perú del 18 al 21 de enero, el Papa Francisco recibió el cariño y la acogida de muchísimos fieles y él no dudo en corresponder con tiernos gestos que se robaron el corazón de todos.
1.- El “cholito” Francisco
Un joven muy emocionado colocó un chullo, gorro tejido característico de la zona andina del Perú, en la cabeza del Papa Francisco mientras recorría el barrio trujillano de “Buenos Aires”, que fue seriamente afectado por el fenómeno del Niño Costero que azotó el norte del país en el verano de 2017.


El Papa Francisco usa un chullo andino de lana a pesar del calor de Trujillo
2.- Un tierno intercambio
Mientras el Papa Francisco saludaba a un grupo de niños discapacitados en la Nunciatura antes de partir a Trujillo recibió un solideo. Se lo puso y luego se lo dio a Piero André Guidiche Montes un niño de ocho años con parálisis cerebral.
saludó a niños discapacitados en la Nunciatura antes de partir a y recibió un solideo. Se lo puso y luego se lo dio a Piero Guidiche, niño de ocho años con parálisis cerebral.

Una de las religiosas que lo acompañaba, la hermana Luz, dijo a ACI Prensa que el pequeño estudia en el colegio “La Alegría del Señor”, administrado por las Siervas del Plan de Dios, y que “se moría de ganas de ver al Papa”.

Ella indicó que Francisco saludó a los diez niños que fueron del colegio a verlo, preguntó por sus enfermedades y rezó por ellos. Las religiosas también le entregaron una caja con las cartas que le escribieron todos los alumnos.

3.- El saludo de una familia numerosa

Durante su visita a la Catedral de Lima, el Papa Francisco recibió una ofrenda floral de parte del abogado de la plataforma Padres en Acción, Justo Balmaceda, quien estaba junto a su esposa embarazada y sus siete hijos. Uno de ellos se tomó un “selfie” con él.
4.- Creatividad peruana
Perú es famoso por su gastronomía y también hace gala de su creatividad. Por ello, con ocasión de la visita del Papa Francisco a Trujillo el 20 de enero, un restaurante de la zona escribió una cita bíblica en la pizarra que anunciaba el menú del día.
“No solo de pan vive el hombre”, (Mt 4,4) se leía en un cartel en el que se ofrecían platos locales como pollo guisado, cabrito, trucha y cerdo.
5.- La “Guardia Suiza”
Un grupo de niños se vistieron como guardias suizos -el cuerpo militar que en el Vaticano custodia al Santo Padre desde hace siglos- y se colocaron a la entrada de la Nunciatura Apostólica para darle la bienvenida.
6.- El relicario del “Santo de la escoba”
Los frailes dominicos le hicieron un simpático regalo la Papa Francisco en Puerto Maldonado: un relicario en forma de escoba con una reliquia de San Martín de Porres, conocido popularmente como el “santo de la escoba” ya que era el barrendero del convento donde vivía.
"Este es el regalo que los frailes dominicos hicieron al Papa Francisco en Puerto Maldonado: una escoba con una reliquia de San Martín de Porres
7.- La seguridad desde el mar
Para garantizar la seguridad durante la celebración de la Misa en la playa de Huanchaco el sábado 20 de enero en Trujillo, la Marina de Guerra envió un buque de la guardia costera. También enviaron un helicóptero.
8.- Un detalle argentino
Durante la visita que realizó este domingo a la Catedral de Lima para venerar las reliquias de los santos peruanos, el Papa Francisco fue recibido con un detalle argentino: un feligrés le ofreció el tradicional mate argentino.
9.- Los futbolistas de la “blanquirroja”
Paolo Guerrero, delantero de la selección peruana, estuvo presente junto a su madre en el Palacio de Gobierno, en Lima, cuando el Santo Padre pronunció su discurso ante las autoridades civiles y el cuerpo diplomático el 19 de enero.
El ex seleccionado Teófilo Cubillas, apodado “El Nene” y considerado un gran referente en el fútbol peruano, saludó al Papa cuando salía del Santuario de las Nazarenas.
El ex futbolista Teófilo 'el nene' Cubillas llegó hasta el Santuario del Señor de los Milagros para recibir al papa Francisco @Lima_ECpe @elcomercio_peru
10.- El encuentro con “El Tigre” Gareca
El entrenador de la selección peruana, el argentino Ricardo Gareca, saludó al Santo Padre durante su visita al Palacio Arzobispal este domingo.

jueves, 18 de enero de 2018

Conoce todas las actividades de la visita del Papa Francisco Llegada en la tarde a Lima

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Conoce todas las actividades de la visita del Papa Francisco Llegada en la tarde a Lima


El presidente Pedro Pablo Kuczynski recibirá al Papa Francisco. 
Tras esta ceremonia, el Santo Padre se dirigirá a la Sede de la Nunciatura Apostólica.
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ENE

Por la mañana saludará al presidente Pedro Pablo Kuczynski.
Se reunirá con representantes de pueblos indígenas, luego visitará el Instituto Jorge Basadre y el hogar infantil Principito.
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ENE

Santa Misa en la explanada costera de Huanchaco
Encuentro en el Colegio Seminario SS. Carlos y Marcelo
Visita a la capilla de la base aérea
Salida para Lima
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Oración ante las reliquias de los santos peruanos en la catedral de Lima
Santa Misa en la Base Aérea “Las Palmas”
Salida en avión para Roma/Ciampino

Fotos del PAPA en Chile

La visita pastoral del papa Francisco a Chile se realizó del 15 al 18 de enero de 2018, e incluyó las ciudades de Santiago, Temuco e Iquique. Fue la segunda visita papal realizada a dicho país, luego de la visita de Juan Pablo II en 1987. 

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El Papa se mostró risueño junto a la mandataria, Michelle Bachelet
El Papa fue recibido con una ceremonia en el palacio presidencial
Miles de banderas del Vaticano ondeaban a su llegada
(Fotos: Reuters / AP)

Mujer policía cae de caballo y el Papa detiene el papamóvil para asistirla [VIDEO]

(ACI).- El Papa Francisco ordenó detener el papamóvil abierto en el que se desplazaba por las calles de Iquique en Chile para asistir a una mujer policía que se cayó del caballo en el que estaba montada.
| Este fue el momento que una carabinera cae de su caballo cuando transitaba el papamóvil detrás de ella.
Luego de celebrar una multitudinaria Misa, el Papa Francisco se dirigía por las calles de la ciudad chilena. A su paso, una mujer policía cayó del caballo en el que estaba montada y que se descontroló cuando pasaba el papamóvil con el que chocó.
La mujer, perteneciente al cuerpo de Carabineros, fue socorrida por varios de sus colegas y también por el Santo Padre, quien ordenó detener su vehículo.

Acompañado por varias personas de su comitiva como los miembros de su seguridad personal, el Pontífice se acercó a la mujer accidentada.

TEXTO Discurso del Papa Francisco a los sacerdotes y vida consagrada en Chile



El Papa Francisco / Captura de pantalla
(ACI).- El Papa Francisco dirigió este martes en la Catedral de Santiago (Chile), un discurso a los sacerdotes y miembros de la vida consagrada para invitarlos a no dejarse desalentar por las dificultades, pues es en las horas cruciales donde nace el apóstol.
A continuación el discurso completo del Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas buenas tardes:
Me alegra poder compartir este encuentro con ustedes. Me gustó la manera con la que el Cardenal Ezzati los iba presentando: aquí están...aquí están: las consagradas, los consagrados, los presbíteros, los diáconos permanentes, los seminaristas. Aquí están. Me vino a la memoria el día de nuestra ordenación o consagración cuando, después de la presentación, decíamos: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad». En este encuentro queremos decirle al Señor: «aquí estamos» para renovar nuestro sí. Queremos renovar juntos la respuesta al llamado que un día inquietó nuestro corazón.
Y para ello, creo que nos puede ayudar partir del pasaje del Evangelio que escuchamos y compartir tres momentos de Pedro y de la primera comunidad: Pedro por la comunidad abatida, Pedro y la comunidad misericordiada, y Pedro y la comunidad transfigurada.
Juego con este binomio Pedro- comunidad ya que la vivencia de los apóstoles siempre tiene este doble aspecto, uno personal y uno comunitario. Van de la mano y no los podemos separar. Somos, sí, llamados individualmente pero siempre a ser parte de un grupo más grande. No existe el selfie vocacional, no existe.  La vocación exige que la foto te la saque otro, ¡y qué le vamos a hacer! Así son las cosas.
1. Pedro abatido la comunidad abatida
Siempre me gustó el estilo de los Evangelios de no decorar ni endulzar los acontecimientos, ni de pintarlos bonitos. Nos presentan la vida como viene y no como tendría que ser. El Evangelio no tiene miedo de mostrarnos los momentos difíciles, y hasta conflictivos, que pasaron los discípulos.
Recompongamos la escena. Habían matado a Jesús; algunas mujeres decían que estaba vivo (cf. Lc 24,22-24). Si bien habían visto a Jesús Resucitado, el acontecimiento es tan fuerte que los discípulos necesitarían tiempo para comprender. Lucas dice era tal la alegría que  no podían comprender. Comprensión que les llegará en Pentecostés, con el envío del Espíritu Santo. La irrupción del Resucitado llevará tiempo para calar en el corazón de los suyos.
Los discípulos vuelven a su tierra. Van a hacer lo que sabían hacer: pescar. No estaban todos, solo algunos. ¿Divididos, fragmentados? No lo sabemos. Lo que nos dice la Escritura es que los que estaban no pescaron nada. Tienen las redes vacías.
Pero había otro vacío que pesaba inconscientemente sobre ellos: el desconcierto y la turbación por la muerte de su Maestro. Ya no está, fue crucificado. Pero no solo Él estaba crucificado, sino ellos también, ya que la muerte de Jesús puso en evidencia un torbellino de conflictos en el corazón de sus amigos. Pedro lo negó, Judas lo traicionó, los demás huyeron y se escondieron. Solo un puñado de mujeres y el discípulo amado se quedaron. El resto, se marchó. En cuestión de días todo se vino abajo.
Son las horas del desconcierto y la turbación en la vida del discípulo. En los momentos «en los que la polvareda de las persecuciones, tribulaciones, dudas, etcétera, es levantada por acontecimientos culturales e históricos, no es fácil atinar con el camino a seguir. Existen varias tentaciones propias de ese tiempo: discutir ideas, no darle la debida atención al asunto, fijarse demasiado en los perseguidores... y creo que la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación». Sí, quedarse rumiando la desolación. Y esto es lo que le pasó a los discípulos.
Como nos decía el Cardenal Ezzati, «la vida presbiteral y consagrada en Chile ha atravesado y atraviesa horas difíciles de turbulencias y desafíos no indiferentes. Junto a la fidelidad de la inmensa mayoría, ha crecido también la cizaña del mal y su secuela de escándalo y deserción».
Momento de turbulencias. Conozco el dolor que han significado los casos de abusos ocurridos a menores de edad y sigo con atención cuánto hacen para superar ese grave y doloroso mal. Dolor por el daño y sufrimiento de las víctimas y sus familias, que han visto traicionada la confianza que habían puesto en los ministros de la Iglesia. Dolor por el sufrimiento de las comunidades eclesiales, y dolor también por ustedes, hermanos, que además del desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza.
Sé que a veces han sufrido insultos en el metro o caminando por la calle; que ir «vestido de cura» en muchos lados se está «pagando caro». Por eso los invito a que pidamos a Dios nos dé la lucidez de llamar a la realidad por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo.
Y no rumiar la desolación. Me gustaría añadir además otro aspecto importante. Nuestras sociedades están cambiando. El Chile de hoy es muy distinto al que conocí en tiempo de mi juventud, cuando me formaba. Están naciendo nuevas y diversas formas culturales que no se ajustan a los márgenes conocidos. Y tenemos que reconocer que, muchas veces, no sabemos cómo insertarnos en estas nuevas circunstancias. A menudo soñamos con las «cebollas de Egipto» y nos olvidamos que la tierra prometida está delante, no atrás.
Que la promesa es de ayer, pero para mañana. Y entonces podemos caer en la tentación de recluirnos y aislarnos para defender nuestros planteos que terminan siendo no más que buenos monólogos. Podemos tener la tentación de pensar que todo está mal, y en lugar de profesar una «buena nueva», lo único que profesamos es apatía y desilusión. Así cerramos los ojos ante los desafíos pastorales creyendo que el Espíritu no tendría nada que decir. Así nos olvidamos que el Evangelio es un camino de conversión, pero no sólo de «los otros», sino también de nosotros.
Nos guste o no, estamos invitados a enfrentar la realidad así como se presenta. La realidad personal, comunitaria y social. Las redes —dicen los discípulos— están vacías, y podemos comprender los sentimientos que esto genera. Vuelven a casa sin grandes aventuras que contar, vuelven a casa con las manos vacías, vuelven a casa abatidos.
¿Qué quedó de esos discípulos fuertes, animados, airosos, que se sentían elegidos y que habían dejado todo para seguir a Jesús? (cf. Mc 1,16-20). ¿Qué quedó de esos discípulos seguros de sí, que irían a prisión y hasta darían la vida por su Maestro (cf. Lc 22,33), que para defenderlo querían mandar fuego sobre la tierra (cf. Lc 9,54), por el que desenvainarían la espada y darían batalla? (cf. Lc 22,49-51). ¿Qué quedó del Pedro que increpaba a su Maestro acerca de cómo tendría que llevar adelante su vida, su programa redentor? (cf. Mc 8,31-33). La desolación.
2. Pedro misericordiado, la comunidad misericordiada
Es la hora de la verdad en la vida de la primera comunidad. Es la hora en que Pedro se confrontó con parte de sí mismo. Con la parte de su verdad que muchas veces no quería ver. Hizo experiencia de su limitación, de su fragilidad, de su ser pecador. Pedro el temperamental, el jefe impulsivo y salvador, con una buena dosis de autosuficiencia y exceso de confianza en sí mismo y en sus posibilidades, tuvo que someterse a su debilidad y a su pecado. Él era tan pecador como los otros, era tan necesitado como los otros, era tan frágil como los otros. Pedro falló a quien juró cuidar. Hora crucial en la vida de Pedro.
Como discípulos, como Iglesia, nos puede pasar lo mismo. Hay momentos en los que nos confrontamos no con nuestras glorias, sino con nuestra debilidad. Horas cruciales en la vida de los discípulos, pero en esa hora es también donde nace el apóstol. Dejemos que el texto nos lleve de la mano. «Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿Me amas más que estos?» (Jn 21,15).
Después de comer, Jesús invita a Pedro a dar un paseo y la única palabra es una pregunta, una pregunta de amor: ¿Me amas? Jesús no va al reproche, ni a la condena. Lo único que quiere hacer es salvar a Pedro. Lo quiere salvar del peligro de quedarse encerrado en su pecado, de que quede «masticando» la desolación fruto de su limitación; salvarlo del peligro de claudicar, por sus limitaciones, de todo lo bueno que había vivido con Jesús. Jesús lo quiere salvar del encierro y del aislamiento.
Lo quiere salvar de esa actitud destructiva que es victimizarse o al contrario, caer en un «da todo lo mismo» y que al final termina aguando cualquier compromiso en el más perjudicial relativismo. Quiere liberarlo de tomar a quien se le opone como si fuese un enemigo, o no aceptar con serenidad las contradicciones o las críticas.
Quiere liberarlo de la tristeza y especialmente del mal humor. Con esa pregunta, Jesús invita a Pedro a que escuche su corazón y aprenda a discernir. Ya que «no era de Dios defender la verdad a costa de la caridad, ni la caridad a costa de la verdad, ni el equilibrio a costa de ambas. Tiene que discernir. Jesús quiere evitar que Pedro se vuelva un veraz destructor o un caritativo mentiroso o un perplejo paralizado», como nos puede pasar en estas situaciones.
Jesús interrogó a Pedro sobre su amor e insistió en él hasta que este pudo darle una respuesta realista: «Sí, Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21,17). Así Jesús lo confirma en la misión. Así lo vuelve definitivamente su apóstol.
¿Qué es lo que fortalece a Pedro como apóstol? ¿Qué nos mantiene a nosotros apóstoles? Una sola cosa: «Fuimos tratados con misericordia» «Fuimos tratados con misericordia» (1 Tm 1,12-16). «En medio de nuestros pecados, límites, miserias; en medio de nuestras múltiples caídas, Jesucristo nos vio, se acercó, nos dio su mano y nos trató con misericordia. Cada uno de nosotros podría hacer memoria, repasando todas las veces que el Señor lo vio, lo miró, se acercó y lo trató con misericordia». Los invito a que lo hagan. No estamos aquí porque seamos mejores que otros.
No somos superhéroes que, desde la altura, bajan a encontrarse con los «mortales». Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados. Y esa es la fuente de nuestra alegría.
Somos consagrados, pastores al estilo de Jesús herido, muerto y resucitado. El consagrado  cuando digo consagrado, digo todos los que están aquí, es quien encuentra en sus heridas los signos de la Resurrección. Es quien puede ver en las heridas del mundo la fuerza de la Resurrección. Es quien, al estilo de Jesús, no va a encontrar a sus hermanos con el reproche y la condena.
Jesucristo no se presenta a los suyos sin llagas; precisamente desde sus llagas es donde Tomás puede confesar la fe. Estamos invitados a no disimular o esconder nuestras llagas. Una Iglesia con llagas es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy y hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene un nombre: Jesucristo.
La conciencia de tener llagas nos libera. Sí, nos libera de volvernos autorreferenciales, de creernos superiores. Nos libera de esa tendencia «prometeica de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado».
En Jesús, nuestras llagas son resucitadas. Nos hacen solidarios; nos ayudan a derribar los muros que nos encierran en una actitud elitista para estimularnos a tender puentes e ir a encontrarnos con tantos sedientos del mismo amor misericordioso que solo Cristo nos puede brindar. «¡Cuántas veces soñamos con planes apostólicos expansionistas, meticulosos y bien dibujados, propios de generales derrotados! Así negamos nuestra historia de Iglesia, que es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa, porque todo trabajo es sudor de nuestra frente».[5] Veo con cierta preocupación que existen comunidades que viven arrastradas más por la desesperación de estar en la cartelera, por ocupar espacios, por aparecer y mostrarse, que por remangarse y salir a tocar la realidad sufrida de nuestro pueblo fiel.
Qué cuestionadora reflexión la de ese santo chileno que advertía: «Serán, pues, métodos falsos todos lo que sean impuestos por uniformidad; todos los que pretendan dirigirnos a Dios haciéndonos olvidar de nuestros hermanos; todos los que nos hagan cerrar los ojos sobre el universo, en lugar de enseñarnos a abrirlos para elevar todo al Creador de todo ser; todos los que nos hagan egoístas y nos replieguen sobre nosotros mismos».
El Pueblo de Dios no espera ni necesita de nosotros superhéroes, espera pastores, hombres y mujeres consagrados, que sepan de compasión, que sepan tender una mano, que sepan detenerse ante el caído y, al igual que Jesús, ayuden a salir de ese círculo en «masticar» la desolación que envenena el alma.
3. Pedro transfigurado la comunidad transfigurada
Jesús invita a Pedro a discernir y así comienzan a cobrar fuerza muchos acontecimientos de la vida de Pedro, como el gesto profético del lavatorio de los pies. Pedro, el que se resistía a dejarse lavar los pies, comenzaba a comprender que la verdadera grandeza pasa por hacerse pequeño y servidor.
¡Que pedagogía la de nuestro Señor! Del gesto profético de Jesús a la Iglesia profética que, lavada de su pecado, no tiene miedo de salir a servir a una humanidad herida.
Pedro experimentó en su carne la herida no solo del pecado, sino de sus propios límites y flaquezas. Pero descubrió en Jesús que sus heridas pueden ser camino de Resurrección.
Conocer a Pedro abatido para conocer al Pedro transfigurado es la invitación a pasar de ser una Iglesia de abatidos desolados, a una Iglesia servidora de tantos abatidos que conviven a nuestro lado. Una Iglesia capaz de ponerse al servicio de su Señor en el hambriento, en el preso, en el sediento, en el desalojado, en el desnudo, en el enfermo... (cf. Mt 25,35). Un servicio que no se identifica con asistencialismo o paternalismo, sino con conversión de corazón.
El problema no está en darle de comer al pobre, vestir al desnudo, acompañar al enfermo, sino en considerar que el pobre, el desnudo, el enfermo, el preso, el desalojado tienen la dignidad para sentarse en nuestras mesas, de sentirse «en casa» entre nosotros, de sentirse familia. Y ese es el signo de que el Reino de los Cielos está entre nosotros. Es el signo de una Iglesia que fue herida por su pecado, misericordiada por su Señor, y convertida en profética por vocación.
Renovar la profecía es renovar nuestro compromiso de no esperar un mundo ideal, una comunidad ideal, un discípulo ideal para vivir o para evangelizar, sino crear condiciones para que cada persona abatida pueda encontrarse con Jesús. No se aman las situaciones ni las comunidades, se aman las personas.
El reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites, lejos de alejarnos de nuestro Señor nos permite volver a Jesús sabiendo que «Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece. Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual». ¡Qué bien nos hace a todos dejar que Jesús nos renueve el corazón!
Cuando comenzaba este encuentro, les decía que veníamos a renovar nuestro sí, con ganas, con pasión. Queremos renovar nuestro sí, pero realista, porque está apoyado en la mirada de Jesús. Los invito a que cuando vuelvan a sus casas armen en su corazón una especie de testamento espiritual, al estilo del Cardenal Raúl Silva Henríquez. Esa hermosa oración que comienza diciendo: «La Iglesia que yo amo es la Santa Iglesia de todos los días... la tuya, la mía, la Santa Iglesia de todos los días… Jesucristo, el Evangelio, el pan, la Eucaristía, el Cuerpo de Cristo humilde cada día. Con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres que cantaban, que luchaban, que sufrían. La Santa Iglesia de todos los días».
Te pregunto: ¿Cómo es la Iglesia que tú amas? ¿Amas a esta Iglesia herida que encuentra vida en las llagas de Jesús? Gracias por este encuentro, gracias por la oportunidad de renovar el «sí» con ustedes. Que la Virgen del Carmen los cubra con su manto.
Y por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias.